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martes, 14 de octubre de 2014

Quiero


Ven, folla mis oídos, mis labios mis manos. Quiero un hombre sin complejos y que me deje morderle las tetillas, los tobillos y los nudillos, que me deje faltarle al respeto profanándole la mente y endemoniarle el espíritu. Un hombre con quien pueda comer, dormir, beber y  perdernos en el humo del humo aquel.  Ese al que le pueda gritar en la cama y consentir en el sofá,  a quien pueda llevar al paraíso del infierno con un orgasmo provocado por mi sofocante sonrisa y  delirante abrazo. Uno a quien poder joder en la noche y dejarlo soñar en el día, con quien caminar calle arriba y calle abajo. Quiero un hombre que se deje matar y me mate de cualquier forma, quien llene mis vacíos y me haga olvidar estúpidos rencores de antiguos amores. A quien decirle gordo, feo y afeminado, con quien burlarme de esos otros tontos enamorados; quiero poder decirle a ese hombre al oído que esta frio y me enfrió; con quien poder cruzar miradas de picardía y complicidad al ver pasar eso que nos hace volar. Quiero un hombre bastante malo, que me haga cosquillas y haga crujir mis huesos, que me torture con su divina  y extensa presencia, quien me abrigue cuando tenga frio y me bese cuando tenga calor, que erice mi piel con su voz y me despierte con su corazón. Quiero un monstruo sexy y muy cursi, un monstruo verde y cuentacuentos  tan cuentacuentos como yo. 
Hechizo


Creo que he conseguido tener cierto poder sobre su mente, sobre su cuerpo y un aliciente placer al sentir su alma rendida a mis pies. Prendo aquella vela negra y atisbo a su fuego que me da señales de proseguir con el hechizo, de continuar con aquella velada oscura, deslumbrante y peligrosa. Iniciando el ritual con besos manchados de ansiedad y penumbra, consagrando con blasfemias el encuentro tortuoso entre nuestros ojos y dirigiendo cánticos desgarradores a la oscuridad seguimos adentrándonos a lo infernal, a lo banal y carnal. Se ofrece a mí ese pobre humano sin antelaciones, embelesado por la tentadora tiranía de la muerte, se postra ante mí ofreciéndome su aliento, dándome el inmenso poderío de destruirlo y acabarlo con una caricia, se desliza ante mí esa humanidad tan bellamente imperfecta, tan ensordecedora y atrayente. La apuesta se eleva cuando tan fácilmente pierde sus estribos y no le queda nada más que la demencia después de un frustrante intento de redimir sus pecados, después de dirigir sus plegarias al cielo sin ser escuchado ni bendecido, ahí es cuando la apuesta realmente dispara su flecha que técnicamente ha de encerrarlo en el lugar más pesaroso y macabro de mi cuerpo. Allí la vida se esfuma, se consume en alaridos y chillidos, en arañazos y azotes, en profanaciones espirituales y maravillosas contradicciones, en absorciones y laceraciones que solo un endemoniado y malvado corazón puede alcanzar y aquella divinidad escondida entre el pecado más vano del humano estará condenada a perecer y dejar de existir.
Sinfonía perfecta


En medio de un perfume casi exquisito y un tanto perturbador, entre gemidos repetidos, continuos y agobiantes.  Entre carnívoras miradas, sus ojos se encontraron para quedarse tan perdidos, tan inexpresivos y locos. En el momento todo cuadraba, las sabanas, el cigarro y la música, el vino hacia juego con esa boca roja y esos dientes de luna, la cama un contraste primoroso con ese cuerpo que finiquitaba desnudo en la orilla. Y las guitarras haciendo un acorde, fusionadas con el vaivén de dos cuerpos unidos en una sinfonía perfecta, en una revolución  contaminada de oscuridad y lujuria. Allí estaban  sintiendo la tensión, absorbiendo olores y disfrutando sabores, irreconocibles por el sudor, por el maquillaje corrido y el pelo revuelto de manos, de lenguas y enredijos. Estaban tan cerca y  lejos al instante mismo. No podían más que aguantar a su próximo encuentro, a su próxima muerte. Nada que decirse, nada que expresar. Su lengua solo funcionaba cuando tocaba la de él y su boca plasmaba un extraño rechazo a las palabras. El consumo de sus propias vidas con besos y excesos, concordaban en  una proclamación y profanación a la pasión, a la fumigación de sentimientos y flaquezas del corazón. Se la pasaban huyendo del infierno, de ese punto de partida, jugando a tirar del arco  la flecha y buscando razones para quedarse y amarse, para sentirse vivos estando muertos. 
Un desastre


No me importa lo que puedan decir o no decir, ya no hago caso. La cristiandad que habitaba en mis días ahora se convirtió en rebeldía, en una extraña pureza oscura que impregna el alma y el cuerpo. Creo que ahora soy lo que nadie quiere, lo que nadie busca, un monstruo hecho de pelo de caballo y piel de cerdo, con cuernos de cabra tan absurdos como quien los puso, soy a quien nadie desea, ni de quien pudieran enamorarse, no soporto lo cursi – Ahora a cualquier cosa le llaman poeta- Soy un desastre andante de quien nadie nunca pudiera aferrarse, huelo mal y mis mocos están en constante pelea con mi nariz. No puedo dejar de ser desagradable, mi esencia hace de mí la imperfección hecha mujer. Creo que  el insoportable hedor que de mi emana es eso que odio de mí, ese olor a niña, a ingenuidad, a costumbre. Esta impulsividad de vomitar sentimientos, me enferma,  me condena a la sinceridad propia de una tonta, creo que debería salir corriendo. La valentía no se hizo para este gusano de ojos cristalizados y corazón de mimbre. No se hizo para mí el tempo, ni el tiempo, ni la duración tampoco la perduración. Es el castigo del cielo quizá por entregarle mi alma a la oscuridad, ese castigo de querer olvidar recordando, reconociendo, soñando. Creo que no puedo ser buena, lo bueno está sobrevalorado, la dignidad es cuestionable y el acertijo de la vida jamás podre resolverlo. Las cosas que decía ahora no las digo, las odio, a quien quería se convirtió en la pesadilla de mis días y  esa amistad de años ahora es solo una enfermedad. Es lo que digo, no creo, no pienso. La vida, mi vida se está gastando, los momentos pasan y los años se consumen como aquel cigarro que en mi mano descansa y como aquel árbol que se le cae las hojas y simplemente muere. Nunca he dicho gracias, no podría querer algo que no sea mío, aunque lo deseara tanto que pudiera renunciar a mí misma para encontrarlo. 
Bestia salvaje


Me perdí en alientos de alguien sin corazón, deje que mi cuerpo fuese envilecido por el hombre lobo;  y sus colmillos rosaran mis labios, que sus garras desprendieran de un tirón mi vestido, que el sabor de su veneno recorriera mis venas y me convirtiera en una especie de bestia salvaje. Deje que su sudor impregnara mis entrañas, queriendo buscar su corazón me escabullí en su alma negra, dañada por el tiempo, por perros y unas cuantas  hienas. Perdida dentro de su cueva, en sus sabanas rojas de mi propia sangre derramada cada segundo tras un desenfrenado ritual pervertido que nos convirtió en dos seres enjaulados en la peor celda de pasión.  Fui objeto de distracción y diversión, una travesura mal hecha. Obligada a encontrarlo luego en el olvido; cuando no se tiene otra opción ni otra oportunidad, ni otro clavo ni otra bala. No tenía otra elección que la de atravesarle la estaca en su odioso corazón, acabar con la poca luz que su esencia tenia y hundirlo en los confines de la oscuridad, tal vez condenándome a mí misma porque el sucio veneno de sus besos me hizo eterna y me hará la viva imagen de aquel desconocido lobo. Simplemente cuando no se tiene otro chance de odiar ni matar de nuevo. El aliento de esa criatura se  le fue arrebatado, su color se desintegro y su hedor se esfumo. La noche envolverá esa obscuridad de mi sombra haciéndome esclava de secretos y  recuerdos de versos viejos. Encadenada de su garra, aguardando morir en su regazo. La noche acaba y el crepúsculo me deja completamente ciega, sintiendo no más que revolturas en el estómago, perdida entre la intriga, fatigada y asustada. Amanece, el lobo dejo de existir y la luna apago su luz, lo que antes eran dulces besos de ilusión ahora son solo pasado.  Y el día quema la locura misma  del sufragio y el naufragio de mi alucinación. 
Costumbre        
                                                                                                 

Creo que se me ha vuelto costumbre creer en idiotas, en esos que pintan el cielo color naranja sin antes cubrirlo de mierda. Se me ha vuelto bastante común decir que si, quizá con una estúpida esperanza de que sea al menos un poquito diferente y se parezca a un alíen. Creo que he perdido la capacidad de discernir y poder huir, de poder dejar atrás a quien me hace mal, creo que he tergiversado los acontecimientos y me hundo en el intento de querer borrar con letras este maldito miedo. En ocasiones puedo salir huyendo pero pronto regreso con un hueso de perro o con patas de cabra queriendo volver a hechizar a algún mortal, volviendo a jugar, a amar al fuego imposibilitando a mi alma a que sea libre. Hace tiempo no mido el tiempo y los tintes de la luna me hacen doler la cabeza, me impulsan a correr y dejar de sentir. Me he acostumbrado a estar aquí sentada siempre a la espera de nada o quizá de todo, a la espera de un héroe con complejo de humano, que sea tan banal y carnal, tan pasional y que no le funcione su raciocinio, uno de esos tontos con delirios  y enamorados del sol, uno de esos; que le guste el enredijo de cabellos debajo de las sabanas, entre manos y besos, entre suspiros y silbidos en el amanecer. 
Si me quieres, compláceme


El amanecer me ha dado alas para volar hacia casa, me ha dado valor y un poco de sabiduría en esta ignorante vida. Las cosas no han sido muy amables y encontrarte me ha dado esperanza, verte sonreír hace que quiera levantarme y tomarte de la mano en la calle. Y no sé si puedas leerme, pero ahora, justo ahora no me iré,  me quedare esperando en tu regazo el mañana. Y no importa si no recuerdas mis caricias, ni mis besos, ni mis ojos viéndote, ni mis manos recorriendo tu cuerpo, yo solo esperare a que me veas como yo a ti. Y si me quieres, compláceme. Estoy totalmente segura que las mentiras del día se irán en la noche, la luna será mi cómplice y tú serás mi hechizado. Puedo dejar de buscarme, dejar de ser yo misma pero lo cierto es que no lo quiero así, me he cansado de llorar y desperdiciar mis lágrimas en personas que no valen la pena y dar lo mejor de mí a quien no merece cosas buenas. Lo cierto ahora es que puedo palparte, puedo sentirte y me basta con soñarte. De lo único que estoy segura es que las mentiras hacen parte de ti y de mí, pero trato de ser paciente y dejar las confusiones para poder mirarte solo a ti. En realidad te conozco poco, pero te quiero y deseo que recuerdes mi aliento o mi nombre al menos.  Puedo verte de lejos y no sentir miedo, sentirme a gusto y confortarme desde estas letras mal escritas y con un sentido diferente.  Serás quien me despierte de este sueño, de esta ensoñación de ti. Las metáforas se han ido, hoy todo será real y terrenal, como nosotros. No sé a veces que pensar, ni que hacer, ni que decir, todos dicen que soy rara, que me falta un tornillo, pero la verdad de tras de todo lo que demuestro es que soy tan sensible y amarga, tan imperfecta y maltrecha con delirios de princesa y expectativas demasiado elevadas, quizá por esos  héroes literarios que me han cautivado. Pero al menos eso me hace vivir, existir un poco cada día, con mi cuerda locura, con excesos y deseos, con estas ganas de ti y tu sentimiento. Ahora que te tengo, mi corazón no para de latir, mis sentidos han despertado de nuevo y la aventura ha tocado la puerta de mi cuarto. Si me quieres, compláceme. 
Casualidad 

Y cuando baje la guardia, cuando baje mis manos para dejarme mojar por la lluvia acida de la tarde, cuando deje que al fin mis pulmones respiraran un aire diferente pude comprender el sentido de lo imposible. Una combinación de un ángel con cara de demonio se acercó para seducir a esta loca hija de la luna y la lujuria, me atrajo hacia él, con una entonación de aquella melodía dulce y absurda que embelesaba mi cuerpo y mi alma, pude comprender que desde entonces ese ángel- demonio habitaba tan dentro de mí;  que jamás podría volver a ver la luz del día si él no me acompaña a sentirla. Cuando por fin pude trascender apareció con su sonrisa, con su encanto de demonio enjaulado y su mirada de un tonto encadenado a su pasado. Ahora estoy por casualidad aquí, viviendo en un  sueño casi extraño y extinto, en una ilusión afligida y fatigada. Hoy entre cruces de palabras y acertijos del destino, entre juegos del universo mañoso, entre compañías gustosas y otras moribundas e interesadas me entrego a esas sabanas, a esos labios, a esas manos, entrego mi ser a ese ángel- demonio que encadeno mi dulzura en su pasión y mi demonio a su alma. Quisiera tan solo escapar, huir de esta ciudad, darle rienda suelta a esta locura, a este desastre. Quisiera tan solo que soñaras con enredarte en mi cabello y perderte entre mis suspiros, que quisieras  quemarte con el fuego de mi cuerpo y arder entre mis labios, que desearas con todas tus fuerzas de loco  lobo hambriento y enamorado, aullar a mi lado esta noche y todas las noches de luna llena.  Caminar descalzos por la selva pisando hojas secas y escuchando solo el sonido de nuestros latidos. Conjugando nuestros alientos por casualidad, solo por casualidad.









Libre


Me libere de sus cadenas, de sus procelosos  besos inventados,  de esos abrazos improvisados en la calle, de aquellas malas caricias con malicia, de esa condena que me tiene atada a un  ser oscuro.  Volveré a mi revolcado cuarto, lleno de cartas desechadas que nunca entregue y con olor a cigarro y un poco a formol y vino combinados en un aroma a dolor y soledad. Seré libre dentro de estas cuatro paredes hechas para llorar y exorcizar demonios que nunca se van, paralizada, casi inmóvil me convierto en un muerto sin entender si quiera lo que digo, siendo  compadecida, rehuyó de mi misma. Me invente mil maneras de perder la cabeza y explorar cuerpos ahumados y toqueteados por todas. Aprehendí  a despedirme mecánicamente, a irme, a dejar, a huir calladamente y con la ropa en su lugar. Me dedique a perder el tiempo dándole alas, haciendo muecas de felicidad temporal y  me rehusó a perderle el gusto a su falta de respeto y su falta de confianza, su falta de pecado. Sin arrepentimientos me despido porque no eres verdad, no eres cierto, no eres real.  Aquella vela azul que le da un toque sombrío y alentador al día de hoy prendida ya está, su llama arde sacando a esos espíritus negros y le abre paso a la sanación. Acumulare recuerdos en ese baúl viejo y lleno de esencias y almas perdidas en letras y desilusión, lleno de olores y sabores de caprichosos amores. Me liberare, dejare que ese calor de su cuerpo en mi cuerpo se enfrié, se hiele, se congele, se cristalice como el sueño que degenera y anhela una caricia más. La idealización se rompió y la angustia nunca amo a ese mendigo. 
Lo que queda

Hoy la confusión se apodero de mi cuerpo, el error me hizo caer en el abismo y ahora pierdo en la batalla de quien es más fuerte. Hoy mi cabeza se empeña en contagiarme de esa tal enfermedad llamada miedo. Quisiera por un momento sentirme en casa, no dejarte ir, no haberte perdido. Mis manos han contribuido a hundirme más y hacer que la luna se tinte de sangre esta noche. Mi corazón no pudo soportar ver llorar al sol y ahora es como un niño chiquito cuando le quitan su juguetico, se ha encogido un centímetro y la marca del lobo está a flor de piel y el drama, la malicia y el desasosiego hacen parte de su huida.  Quisiera limpiarme, lavar de mi las inseguridades, las faltas, las peleas,  los enojos, quisiera limpiar de mi esa desconfianza que sale por mis poros, si poder quisiera esconderla, sin poder si quiera amarrarla, ella sale sola, y hace de las suyas en los peores momentos, me convierte en una  locura insana  y un cinismo doloroso. Esta noche quisiera que olvidaras todas las cosas que dije sin sentido, las que calle, las que dije a medias y esas que impulsivamente salieron de mi boca como vomito. No puedo querer apartarte de mí, no puedo dejar de pensar en ti. Entender se hará difícil, la vida nos arrebata cada tanto, una de esas oportunidades de ser feliz, de querer, de amar y es ahí donde nos damos cuenta de lo absurdos que en ocasiones nos comportamos. Quizá yo sea una epifanía, una de esas cosas efímeras que pasaran por tu vida, una rara mujer de cabello largo que se enreda entre estrellas y la oscuridad de la noche, que vive de letras y se alimenta del humo aquel, una chiquilla asustadiza que se equivoca constantemente y no aprende. Hoy no estas y mañana te iras. Te espero dije un día y aquí estoy aún, esperando ese unicornio de color azul celeste
Perdí


Tengo la sensación de que esta vez perdí, de que el juego que empezó un día, hoy termina. Perdimos nuestras cabezas, nuestros corazones se cerraron y  a la partida se agregaron el universo morboso y mañoso y el amanecer con tinta negra derramada del esfero. No sé cómo sentirme, pero sé que en mi cabeza siempre llueve, las tormentas se hacen cada vez más frecuentes y avariciosas. Trato de poner atención pero tus palabras desaparecen junto con tu aliento y tus besos. Muero a veces  rehusándome con todas mis fuerzas a volver y lo más probable es que ignores como me siento. Me tragare las palabras que me consuelan y me rompen pero es obvio que eso a ti no te molesta, ni te conmueve. Pasare el resto de mi vida recopilando momentos  y anhelando verte de nuevo.  Esta noche todo ha cambiado, me he vuelto una niña, que incompleta se la pasa buscándote entre mensajes, entre risas, entre bromas, entre abrazos maliciosos y cargados de pasión. Me retirare lentamente de este juego que perdí. Fumare del roto de mi cabeza y dejare sueltas las tuercas.  Y seguir, seguir pensando en ti… 
Bruja o Mujer


Pude ser una bruja, una maldita bruja. Pude hechizarte mientras dormías plácidamente encima de mi vientre, pude haberte aferrado a mis nalgas con solo chasquear los dedos y entonar una melodía diabólica en tus oídos. Pude dejarte sin argumentos al pensar que podías ser mi ensueño, al pensar que podrías vivir para contar esta historia. Pude, divinamente encerrarte en mi sótano y castigarte por tus pecados; por no quererme, por no arrodillarte ante mí, por ser todo lo que quisiera del mundo y su mierda. Pude hacerte sentir el cielo con una caricia y bajarte al infierno con estas palabras.  Pude ignorar la basura, a los buitres y a los cuervos rondándote mientras te despedías dejándome sin aliento. Pude y podría ser esa bruja, ser el demonio atormentando tus días, tus horas, tus segundos. Pude instintivamente matarte, cortar cada miembro de tu cuerpo y guardar cada pedazo en una caja debajo de mi cama. Pude preferir dejarte vivo y comerte solo a veces, de a poquitos, disfrutar de tu cuerpo y de la sangre que se derrama con tus besos fríos.  Pero la magia que tu ser emana hizo que eso negro dejara de fluir, la luz que tus ojos me daba era el contra hechizo a mi hechizo.  Y resulto que esta bruja amarga y dolida se convirtió en una mujer real pero imperfecta, llena de miedos e ilusiones carentes de sentido, carentes de ti. Resulto que matarte se postergo porque ahora esa bruja se aplaco. Puedo ahora contribuirle al tiempo, con vino, con luces de bares y noches salvajes. Puedo darle sentido a tu ausencia y acariciar el pasado con una sonrisa sincera. 
Me voy


Me voy para salvarme, para sanarme, para castrarte de mí. Me voy hacia donde me sople el viento y estos pies me lleven. Me voy por otro camino porque me da la gana, porque no quiero volver a verte, porque así soy y seré, porque me quiero ir tanto o más que tú. Esta noche ando loca y quiero que quisieras no quererme ni querer que no te quiera, ando con ganas de tomar licor y ahogarme en palabras que nunca dije ni diré porque te fuiste. Me voy sin anhelar un regreso, un encuentro, ni una cerveza más. Me voy y olvidare ese amor utópico que inventaste entre canciones ya usadas y regaladas a alguien más. Me voy a vivir y a ser feliz entre aromas de libros viejos y cuentos de añejos. Estaré sentada mirándote de lejos pensando en cómo hubiera sido sentirte de nuevo, besarte esos labios secos y darle un nuevo color a tu cabello. Me voy.
No te confundas, ten cuidado.

No te confundas, las personas no son lo que parecen ser, siempre ocultan sus demonios en sus más dulces palabras. No te confundas que así soy yo, que así eres tú; borrachos, embriagados de soledad y frio, de un escalofrió perdido entre gritos ensordecedores de almas “amorosamente separadas”. No te confundas, no eres más que un efímero amor, un volcán  de pasión, un niño asustadizo y tonto. No te confundas, no pierdas la poca cordura que tienes por perderte en estos labios sedientos de ti, por estas piernas que tiemblan si estas cerca de mí, por estos ojos que te dicen, no te vayas.  No quiero enseñarte a huir pero ya corriste, ya alzaste tu vuelo lejos de mí, elegiste partir. No te confundas, no pierdas el tiempo en una cabeza llena de pelo y mil complejos, no pierdas tu valioso tiempo en una bruja porque podrías morir siendo producto de un hechizo fallido.  No te confundas, no te atormentes, no te ilusiones, no te enamores, no me sigas. Ten cuidado y no te confundas, solo soy pasado, un pasado rápido, un pasado que olvidaras y dejaras de recordar y ten en cuenta que, “el amor muerde”. No te confundas, sálvate de ti mismo, no me desees, no me hables; usa el silencio, usa la indiferencia como arma para protegerte de tus ganas de hacerme el amor, de tus más primitivos sentimientos hacia mí, protégete, usa el escudo de mentiras y huye muy lejos de aquí
Una atadura

Quizá me ate a  su falta de pecado, a su falta de miedo, quizá a su ávida vida o su peculiar sonrisa. Quizá me ate sola a un lazo que no tiene nudo o que ni siquiera existe. Quizá sea una figura idealizada en mi mente, una asociación de ese personaje del libro que tanto leo, tal vez me ate a su locura, a sus ganas de ser libre, a su manía por la adrenalina y por las nalgas tibias. Quizá estoy atada, impregnada de su aroma, de su piel, de sus besos alineados con sus caricias, de sus ganas de mí. Quizá este bajo el efecto perturbador de su encanto; ese que me hace temblar los huesos y ruborizar los cachetes. Si, quizá este atada a su mundo; al que nunca entre y del que nunca hare parte. Estoy atada a su terca insistencia de huir lejos de aquí, especialmente de mí. Quizá me deje llevar por ese amor que le profesa a la luna y a esas melodías de los ríos y la lluvia que lo hacen querer partir.  Tal vez este atada a sus miradas, a su pelo loco de colores, a sus mordiscos. Quizá el ni lo entienda, ni siquiera lo sepa, tal vez solo lo ignore, que me ate más a él cuándo decidió irse. Si, lo sé, me ate  a un nigromante peligroso y lleno de miedos pasados y puede parecer absurdo y de hecho lo es. Me ate, lo admito
Y bueno

Y bueno eso es lo que quiero, lo que deseo. Hoy quizá pueda errar en mi decisión y caer en el abismo del olvido y la indiferencia, es un riesgo que tome al dejarle ir. Yo no puedo ser más que esto, ser más que una niña rota, mimada y hasta mal criada, no puedo dejar de ser el desastre que soy, el miedo está constantemente en mi cuarto; en una esquina para recordarme el pasado, puedo verlo sentado junto a mi obligándome a huir. No podría pretender ser mejor porque soy la peor versión de mí, soy totalmente imperfecta y eso me hace más irreal de lo que puedo imaginar. Entonces, después de una noche ruidosa, asfixiante y acompañada del señor oscuro  pude comprender que no soy para él;  que yo podría ser una especie de mala influencia o mala yerba que se yo, podría convertirme en su sombra más cruel, despiadada y hasta caníbal. Esto solo podría reducirse a egoísmos e individualidades, a escondernos detrás de mentiras y juegos sucios de seducción. Y bueno, así es el cuento, el lobo resulto ser la victima de caperucita quien con su encanto lo envolvió y lo mato, resulto que era el ser más “inocente” y solitario de la selva, así que desde que ella le miro a los ojos el callo como avispa a la miel, lo torturo lentamente hasta conseguir su muerte, era una locura. Ese traje se tiño de la sangre de ese pobre lobo “creyente” y ahora solo queda de él los colmillos colgados en el cuello de aquella mujer.





Y quien


¿Y quién se hará cargo de este desastre que tú solo armaste? ¿De esta revoltura de sentimientos que provocaste? ¿De las ganas infinitas que tengo de besarte? ¿Dime, quien se  hará responsable de mis noches de insomnio, de mi cuerpo que solo te busca a ti, te necesita a ti, te espera a ti? ¿Cómo podría si quiera, intentar olvidarte, si eres todo lo que había soñado hasta hoy? No puedo responder, estoy vuelta un enredijo en mi escondrijo y no puedo, no puedo. Aquí las cosas se han vuelto amargas, aburridas, pesadas como cansadas de enrollarse. Combinaría divinamente un tequila o un café o en efecto un tiro en la sien. Quizá convendría un cambio de estructura, un cambio que te de apertura y te aparte de mi buen corazón por un buen rato. Quizá con alejarte  completaste y le diste verificación a mi maldición. ¿Qué más puedo hacer, o decir? Ya no pertenezco allí junto a ti, pertenezco a ese “Algún día” a ese “adiós” sin despedida, a este “escrito” que nadie lee; a ese pasado que solo nos dio efímero amor y un susto de calzón. Usando mi cabeza como atajo, como un escape, como camino de liberación y recuperación. ¿Quién si no yo, puedo arreglar o pegar o  juntar todos esos pedacitos de ilusiones rotas? Creo que hoy decidí marcharme y  dejar de esperar a que la lluvia deje de caer. Decidí partir, irme de aquí, muy, muy lejos de ti. 


Como todas las últimas noches


Hoy como todas las últimas noches, le doy un vistazo, observo desde lejos, agacho la cabeza y vuelvo a mi asiento. Gastando el tiempo en  recuerdos absurdos y efímeros, vuelvo a estar aquí registrada, oliendo a cigarro, a un poco de vino, a un poquito de mierda. Hoy como todas las noches me revuelco entre lo que fue y lo que pudo haber sido sin llegar a un punto medio; a un lugar en específico, sin llegar a sus labios. Esta noche como las ultimas han sido tan frías, tan llenas de un polvo loco que te hace sangrar la nariz y adormecer la existencia, tan llenas de pesadillas y películas crecidas en drama sin sentido; tan exasperantes y desesperantes hasta sofocantes. Aquí tirada en mi cama, me deshago del miedo y pierdo la razón por un ser que me olvido. En este cuarto el frio entra y se incrusta en mis costillas, me da un par de patadas y me deja desorientada, me deja ciega y pierdo la calma. Me domina en la madrugada el deseo de su cuerpo pero el dolor me aquieta, es como magia pura, como un ensueño agridulce pero tan placentero y tan agotador que por poco piensas que estas en la entrada del lugar más sobrio de tu cabeza, ese infierno inventado a caricias y a tantas risas, que por poco enmudeces de felicidad, por poco mueres sin respirar… Como todas las últimas noches.  

domingo, 8 de junio de 2014

                                                                     Cuéntale
Cuéntale de aquella fugaz noche de derroche y embrolle, de aquellos encuentros repetidos entre nuestros ojos, de las peleas que empezaron y nunca acabaron. Dile que desperté en ti lo que ella dejo morir, cuéntale que quizá fue la esencia de mi piel la que te dejo embelesado, o del misterio de mí ser que se esconde tras estos colmillos a media noche, de  esa extraña atracción que nos tiene atados a  los dos. Cuéntale que tratamos de alejarnos pero que somos como la miel, pegajosos,  enmelados, que la razón en nosotros nunca existió y que ya no tienes más excusas para enmendar este error. Dile que el lado oscuro que cargo te atrae y te tiene completamente loco,  que en tu mente ahora solo hay espacio para  desear una siguiente noche a mi lado, que soy más que una adicción, soy  tu debilidad. Cuéntale que este juego se ha convertido en  una necesidad  de nuestros labios, de nuestras manos. Dile que tú me quieres ver, que quisieras hablarme al odio cada segundo que pasa. Y si le dices de nuestros encuentros con café y cigarro que compartimos siempre, deberías decirle de aquellas conversaciones un tanto absurdas y sin sentido que tenemos continuamente. Cuéntale que mis besos son tu perdición y mis caricias tu bendición. Dile del extraño miedo a dejarme volar, de ese mal apego que sientes hacia lo físico y lo externo de mí. Y si solo le dices que fue culpa de los dos esta traición, que tuvimos mil motivos y que pagaremos el precio de esta  falta. Cuéntale que bailando nos conocimos, de la música que compartimos los dos, de esas exquisitas canciones que nos hacen  caer al infierno y subir al cielo en  orgasmos auditivos y delirantes. Dile de lo frustrantes que nos comportamos a veces, de las tediosas preguntas que te hago y  de la cajita de sorpresas que siempre guardo para ti, cuéntale que soy una gruñona- cansona. Dile que me extrañas, que no aun no sabes lidiar con esta mujer tan argumentativa, tan paradójica y extraña.  Cuéntale que siempre estás en  constante problema conmigo y que solo quisieras abrazarme y reír de lo tontos que nos vemos peleando, dile que me he convertido en tu escape matutino.  Y si le dices que quisieras ser mío y no de ella.  Y que aunque vuelvas a ella destrozado, acabado y arrastrándote por el piso, en tu mente siempre habrá el recuerdo de aquella extraña sonrisa, de aquellos dientes enterrados al amanecer, siempre recordaras mis miradas, mi boca, mi aliento y el perfume de mi piel que te hace correr hacia mí y sin poderlo manejar, sin siquiera saber entender, a mi ser regresaras. Dile que soy la única que te ha acercado a dios, no le mientas más.


sábado, 7 de junio de 2014

Luna
No puedo decir que ella sea mía, porque es de todos, es incluso la luna más zorra que he conocido, seduce a quien pueda mirarla. No puedo decir que a nadie se la he regalado, es quizá el regalo más popular entre enamorados, entre cursilerías que se dicen cuando se está atontado, incluso no podría decir que no me atrae, porque inmerso esta en mi ciclo, aquella extraña anomalía que me hace mirarla todos los días. No podría dejar de decir que la odio cuando se burla de mí, cuando hace que mis huesos gruñan y mi existencia se consuma,  cuando se deja amar por cuanta tediosa y fastidiosa diosa, cuando hace caso omiso de mis versos y canciones, cuando sale a medias y me desespera. No puedo competir, ella lo tiene  y la tiene. Como se revuelcan mis entrañas de solo pensar en eso, en sus sucias manos queriendo y amando lo que un día fue mío, como estas nauseas me hacen querer vomitar su cara de… ¡maldita sea! No puedo decir que  sea mía, es de ella, de él, de nosotros. 
Lacayos


Se me ha roto la cabeza, el tornillo que quedaba se perdió y ahora estoy hueca, desorientada, vivo del mundo o en otro mundo, quizá. No sé qué hice,  ni que hago para que estés ahí, no soy para ti, soy demasiado mala, demasiado  extraña, pero aun estas, aun esperas que te quiera, aun me anhelas. Estoy perdida y esta intriga me fatiga, me hostiga tu estupidez, misterioso y egoísta ser. Estoy llena de sed, de besarte, de sentirte, de pelearte, de gruñirte y escupirte. Escapemos, ven conmigo al infierno, juguemos esté prohibido juego,  amémonos a escondidas de la reina, seamos unos miserables lacayos con un  maldito amor indebido. Ven, para reír de lo tontos que nos vemos juntos, para  fumarnos, bebernos, consumirnos. Seamos más que química una reacción;  un contraste de físico con física, dos cuerpos atraídos  extrañamente por el universo, una revoltura de miradas perdidas,  unos polos locos, desquiciados, moribundos. Vivamos de la música; de las melodías de la noche y del día, vivamos de esto y de aquello, entre basura, entre sudor y lágrimas, compartiendo ridículos títulos de libros. Leámonos a escondidas los labios, en aquel incomodo arbusto te espero. Veamos la luna, tirémosle piedras quizá así, venga por nosotros. Vamos, ven vuela conmigo, te llevare al mejor viaje de tu vida por estas nalgas frías, por estas piernas dolidas, por esta cabeza insatisfecha, por estos ojos con ilusión de ti, por esta alma que ha de revivir si estás ahí. Eres mío, eso es lo que digo, tu alma está condenada, ha de someterse a ratos de tortura, a macabros y exquisitos momentos a mi lado pero  dicen que  estás muerto, esas malas lenguas me susurran al oído  que no respiras pero yo te siento, te cómo, te aprieto. Eso no lo entiendo, deberías despertar  para hablar, deberías tocarme como yo te toco, deberías estar tan caliente como yo. Despierta aún están aquí, dicen que te mate, diles que es mentira que mi tornillo está en tu bolsillo y que el roto que tengo en la cabeza no es más que un rasguño, fue un accidente. Oye - despierta, despierta, despierta- te puse algo de rubor, tus mejillas estaban demasiado pálidas y tus manos estaban moradas. No te enojes, solo despierta, quiero despedirme, ya me voy… 

viernes, 25 de abril de 2014

                                                 Miedo

No le tengo miedo a él, ni a mí, ni a ustedes, solo que no me explico el temblor, ni el sudor, ni mi confusión, ni estas malditas lágrimas. La oscuridad no me da miedo, pero no me explico porque corro, porque prendo velas, porque siempre termino en sus brazos. Solo no sé cómo demonios mirar estrellas, ni entender a la luna, ni entenderme a misma. No le tengo miedo a la lujuria, me ha atrapado y ahora no escucho ni mi voz. No le tengo miedo al odio aunque, solo sé que el enojo se hincha en mis entrañas  y cada vez lo aborrezco más, es algo inevitable, algo irreparable, algo irremplazable. No le tengo miedo a esos ojos que están llenos de heridas antiguas y un deseo incontrolable por mis labios, no le temo a su amor, ni a su fastidiosa ternura, no le temo a sus caricias que vagan por mi cuerpo, no le temo a su capa protectora de rudezas, ni a su cuerda locura, ni a sus trastornos mentales. Si tan solo pudiera no temerle al mundo a su mundo a nuestro mundo, estaríamos aquí sentados atrapando grillos y tomando café, estaríamos existiendo, sintiendo, muriendo juntos. 

sábado, 19 de abril de 2014

 ¡Y que!

Y que si sigo rota, sucia y maloliente. Vomitar ahora no me haría mal, expulsaría de mi ese revoltoso pensamiento y sentimiento. Y que si sigo loca, tonta y desarreglada.  Salir corriendo estaría genial, dejaría todo y a todos seguiría esta vida un tanto egoísta, un tanto absurda, un tanto más perdida. Y que si aún quiero estar en su infierno, en ese mar de idioteces que son sus palabras. Y que si sigo desajustada, desequilibrada. A quien le importa, a mí no me importa. Y que si sigo aquí sentada, odiada y extrañada, encerrada. Y que si solo escribo y exorcizo demonios con alcohol  y espanto brujas con el humo. Y que si sigo marcada, aruñada, maltratada, inmersa en recuerdos de esa puta presencia tan ausente. Y qué si no consigo escribir bien, ni hablar bien, ni expresarme bien, ni sentirme bien. Y que si solo soy lo que soy, que es más  como la nada, es más, no sé quién soy. Y que si no se lo que quiero, ni para donde voy, ni quiénes son. Y que si solo duermo, como y fumo, bebo y enveneno con mi veneno. Y que si soy cruel, una desgraciada inadaptada. Y que si no consigo encajar, ni socializar. Y que si soy solo odio, rabia y frustración. Y que si no termino esto, ni aquello. Y que si tengo nauseas, mareos y sudor en los dedos, me enferma la gente idiota, más o menos, un tanto o quizá más parecidas a mí que a ellas. Y  que si vivo estando muerta. Y que si sigo así de incoherente. Y que.   


martes, 18 de marzo de 2014

CONDENADA

La noche es mi amiga y enemiga, es ese animal que alimentare hasta el final de los tiempos”

En una noche tan melancólica, sola con la compañía de una taza de café fría, tal vez la única compañía que hay en la habitación llena de cenizas de esta alma mía, ardiendo en llamas, caída en soledad.

Se me hace difícil pensar, sola voy con mi pena, quiero huir a una confortable vida de nuevo, robar un cuerpo esta noche y volver a sentir, me he cansado de estar aquí y quiero limpiar lo negro que hay dentro de mí...

No hay vida en el infierno, solo hay almas rotas y olvidadas en el tiempo, solo hay acertijos crueles del destino y juegos macabros con cuerpos, lo único que hay, está lleno de convocas, ardiendo, hecho pedazos, hecho cenizas.

El alma condenada apenas si tiene suerte de volver a sentir con los sentidos que son únicamente humanos, es la elegida, esa alma puede volver…

¡Quiero volver!


I

Camino por esta selva de cemento y el viento mueve mi cabello ajado y viejo, cierro los ojos y visualizo a mi próxima víctima, dándole tiempo al tiempo mi cuerpo se impacienta.

Paso por el parque principal de este maligno lugar  y lo encuentro a unos tres metros de mí, huele tan bien, mis venas se agitan y ese algo golpea mi pecho apeteciendo sangre.

Solo vivo cuando mis colmillos se humedecen de la placentera sangre de cualquier soso humano y mis entrañas consumen el existir y matan por pasión solo asi, vuelvo a penar justo cuando me llevo a las tinieblas ese nauseabundo cuerpo.

Lo miro y él se siente intrigado, me quito el abrigo negro que llevo puesto y dejo que la luna de luz a mi vestido rojo, reflejando en mis labios la seducción de una mujer en selo, pasando mi mano por mi cabello negro y luego por mi cuello, sin dejar de mirarlo ni un segundo a los ojos.
Cede su mirada y voltea el rostro hacia otro lado, mis inhumanos encantos no lo encantaron y me doy cuenta que estoy tan muerta, de nuevo mi abrigo negro esta puesto en mi cuerpo.

Me dejo llevar y el demonio que hay dentro de mí se aquieta, mi instinto asesino se ha aletargado y soy yo la que se siente embelesada hacia él, sigo caminando hipnotizada, ya no hiedo su aroma, él es quien huele de mí la esencia, y comienzo a confundirme.

Aún está ahí sentado, sigo en mi ensueño regresando a sus ojos y avanzando lánguidamente a él, me advierto de inmediato que es el quien me busca a mí, en una especie de pensamiento compartido entre condenados, de quienes estamos coexistiendo en este mundo estando ya muertos, absorbiendo la naturaleza de quienes quieren ir al cielo.

Quise correr y me detuvo, en una fracción de segundo esos tres metros que nos apartaban ahora eran  solo tres centímetros el uno del otro, quede suspendida, pensaba que era la única que había sobrevivido en este pueblo, después de que calcinaran a mi familia, creía que después del exterminio de vampiros a los que este malévolo pueblo ofrendo a ese dios del que tanto hablan para que perdonase sus pecados, pensé que era la única, que no había nadie más como yo, pero ahí estaba el, fue a él a quien mi intuición encontró.
- Él es mi  destino-

Sus ojos no dejaban de mirar los míos, quizá entre el caos que me invadía,  no me di cuenta de que él también estaba tan estupefacto como yo, no podía moverme y mis piernas templaban al igual que las  dé el, estábamos atónitos, aturdidos, el estruendo en nuestras cabezas hizo que no pudiéramos modular ni una sola palabra, solo estábamos allí parados.

Era tan guapo, tenía cabello largo un poco más abajo de sus hombros, ondulado y tan brillante como la noche misma, sus ojos  eran completamente verdes y hacían contraste con su piel morena y su abundante barba. Una parte de mi decía -¡CORRE, NO PUEDE SER BUENO ESTE SER, CORRE!- pero mi demonio, decía- ¡QUEDATE, BESALO Y LUEGO MATALO!

Estaba tan confundida, mi cuerpo demandaba algo de alimento y mi alma exigía compañía. La vida en la penumbra no es fácil, aparte  de importunada es solitaria, es contradictoria, no quiero estar más así, mi cuerpo puede esperar, pero mi alma, mi alma resiste esta perdición solo por volverlo a ver.

Mientras mi cabeza revoloteaba y batallaba con todo esto, el huyó en un instante y en el segundo siguiente de mí solo quedo un rastro de polvo. También huí…
Esa noche ha estado en mi mente durante bastante tiempo, repaso cada acontecimiento, cada pulsación, cada suspiro que profesé al verlo, el me hizo sentir viva y no sé cuál sea su nombre, es una  ironía. – Lo sé -

El tiempo no parece correr, he estado aquí asentada, bebiendo y fumando, envenenando lo que queda de mi ser, dejando de lado lo que era y hasta lo que soy ahora, esta condena me ha aferrado haciéndome pagar con lamentos y lágrimas secas que de mi cuerpo ya no brotan, las almas que transporte al infierno.

No sé si fue amor a primera vista, nunca me he flagelado por tal cosa, para los humanos es su máxima expresión de devoción,  para ellos el amor es algo omnipotente, una señal celestial que al parecer viene de ese dios.

Acepte mi condena, demonios como nosotros no podemos sentir amor, quizá esa sea nuestra reprensión, el amor no se atañe a criaturas sombrías como nosotros. Trato de convencerme que fue solo ese instinto primitivo de asesinar lo que me atrajo tanto a él. Pero me agrado, su semblante no se ha aislado de mí ni un instante, su aroma aún está presente y rebusco sus ojos constantemente en el montón.

Después de tanto tiempo todavía lo tengo clavado en mi pecho no sé si tenga corazón y si lo tengo él está ahí, él es el amo, para siempre será quien me haga sentir viva, aunque solo lo haya visto una sola vez en toda mi existencia, puedo recordarlo con solo mirar un oasis, con solo ver la luna, recuerdo su esencia solo con sentir el viento en mi rostro, es algo considerablemente excepcional, no sé qué me paso, no sé qué ocurrió aquella noche pero he quedado enajenada, estoy bajo un hechizo y no sé si podre tolerarlo  un día más.

No lograría estar más muerta de lo que ya estoy, mi cuerpo son solo huesos, me alimento de ratas, de perros y quizá algún humano descuidado, el sabor de la sangre ya mis papilas no lo degusta, estoy tan asediada y añeja.
Quizá en la próxima vida lo pueda volver a ver, quizá el me extrañe tanto como yo a él, posiblemente este allí afuera buscándome entre vestidos rojos y cabellos negros, quizá todavía este tan muerto como yo y quiera volver a mí.

Hoy mi existir solo estriba en sus ojos, de ambicionar ese día, ese relámpago en el que nuestras penas junten cadenas y hereden de nuevo las tinieblas, para hallarnos en  tormentosos escarmientos, para construir una pared de espíritus coleccionados, para justificar nuestra oscuridad con besos, para  renacer en lisonjas y acompañarnos inmortalmente por los siglos de los siglos, eligiendo  entre cuernos nuestro alimento.

Ahora es esa mi ambición, hallarlo entre escombros de este universo siniestro,  donde durante años hemos perdurado como locos endemoniados, exterminando, impregnados de sangre caritativa resultante de humanos tontos y creyentes. -Quiero encontrarlo- mi existir y subsistir depende del cuerpo a quien mi alma prefirió para ser verdad entre tanta inmundicia celada, entre tanta farsa ocultada y entre tanto aislamiento insatisfecho.



II

MEMORIAS

Estaba sentada en ese indolente tronco, era una noche verdaderamente encantadora, con luna llena. Desde que era una niña siempre me atrajo la oscuridad y el aislamiento, me encantaba poder admirar esos pequeños puntos en el firmamento, su brillo realmente embelesaba mi mente, imaginaba como sería una vida fuera de este mundo, allá arriba, alejada de lo terrestre y en el universo la luna seria mi hogar. Mi ser no era igual al de los demás, no era igual a ellos, pensaba que era una especie totalmente diferente a los humanos. -Solo son locuras- 

Decía mi madre al verme. Pero al cumplir mi dieciochoavo cumpleaños todo iba a cambiar para siempre.
-Mi niña ha crecido, se ha convertido en mujer- decía ella orgullosa. Todo lo que hacía era en contra de mi voluntad,  siempre quiso que fuese  una de esas beatas disfrazadas con túnicas y con algo que cubriera sus cabellos, aborreciendo la vanidad y dejando de lado el sentido primitivo el que nos hace sentir vivos, ese sentido maldito y pecaminoso según Dios. Yo no creía en esas absurdas revelaciones, ni en esos cuentos que en la biblia había y alguien predicaba con tanta  estúpida devoción, no creía en esa macabra iglesia, que podía matar, asesinar a esas pobres mujeres de antaño que su único pecado era ser hermosas, las quemaban en la hoguera. -“Son brujas”- decían y nos obligaban a mirar como su cuerpo en llamas se iba al infierno, ese divino cuerpo, ese celestial pecado quedaba hecho  cenizas.

A esa misma iglesia mi madre idolatraba y obligaba a su única hija a ir, tenía miedo que mis escapadas al bosque en las noches pudieran convertirme en una bruja, sabiendo que era algo mucho peor que una simple hechicera.

Una de esas noches, en vísperas de mi cumpleaños, salí como de costumbre al bosque, caminaba unos quince minutos y llegaba  a mi paraíso, a mi soledad, a mi oscuridad, llevaba unas cuantas velas, mi guitarra y mi cuaderno, llevaba siempre conmigo unos cuantos cigarros que me alejaban de la realidad temporalmente y hacían de mi realidad un universo paralelo.

No tenía amigas, todas las que conocía me rechazaban, siempre fui la rara del convento, la
“mata gatos”, “la bruja”, era el “demonio” encarnado como la hermana Bertha decía, la institutriz del claustro al que mi madre me obliga a ir desde que tenía  tres años, era quizá la única a la que ser monja le aborrecía, yo no quería ser una de esas tontas reprimidas, mi destino era algo totalmente contrario a lo que dios deseaba para mí y para la suerte mía ese era el último año allí encerrada, por fin iba a ser libre.


Faltaban solo dos días para mi destino, para mi cumpleaños dieciocho  y estaba de nuevo allí sentada, disfrutando de mi insania y aislamiento, mi alma agradecía el escape nocturno acostumbrado, estaba de nuevo en el bosque allí la naturaleza decía que atañía, pasando el rato entre resonancias del viento y mi guitarra, me dispuse a  volver, la luna prestaba su luz mientras caminaba a casa, no disponía de mucho tiempo pues ya era media noche y a mi madre no le iba a gustar mi tardanza, corrí por algunos minutos y al llegar el portal de la entrada estaba abierto de par en par, esa noche el viento estaba aplacado, las corrientes luneras no habían llegado así que me pareció demasiado extraño, tuve que detenerme, mi corazón estaba acelerado y mi respiración entre cortada, mis piernas cedieron y caí, reí al ver que temblaban, tenía un estado físico un tanto atrofiado y discorde, aun en mi eufórico descanso escuche una voz que venía de la casa, las luces del salón principal estaban prendidas, era muy sospechoso y empecé a confundirme y tras mi confusión llego el miedo ya mi temblor no era por el calor y agitación de mi sangre sino por el frio y el escalofrió que ahora sentía, no era algo lúcido, mi madre no le abre a un desconocido y mucho menos a media noche, de lejos mi visión era borrosa, decidí acercarme a la ventana sin hacer ningún tipo de ruido, sin tocar esas hojas cecas, sin respirar fuerte aunque mi cuerpo lo necesitase tenía que aguantar para darme cuenta de lo que estaba por pasar, aguarde allí asomada mirando que era lo que mi madre tanto hablaba, se notaba muy alterada y  hasta estaba llorando, mi confusión se hizo más fuerte y sentí pánico, el hombre a quien mi madre  parecía suplicarle era tenebroso, bastante alto para ser normal, tenía la piel tan blanca que por un momento creí ver a un fantasma, llevaba puesto una vestidura absolutamente negra, su rostro aun no veía y esto me provoco más curiosidad, mientras pensaba quien pudiera ser ese señor, no pude darme cuenta que él ya estaba mirándome, que él ya sabía de mi presencia y que venía directo a mí, de un salto me separe de la ventana, la impresión que había causado en mí su mirada me dejo atónita resbale y quede suspendida en el suelo, en un momento ese ser tan extraño y malhumorado se acercaba a donde yo yacía, la caída me había dejado desorbitada y mareada, no podía poner mis ideas en orden ni mucho menos modular si quiera una palabra, no pude gritar, el pánico había hecho de las suyas y ya no podía ni respirar, mi corazón se quería salir de mi pecho, él se acercaba más y yo aún estaba tirada en el mismo lugar en el que había resbalado, empecé a arrastrarme por el fango ensuciando ese vestido azul que a mi madre encantaba, mis recodos estaban totalmente nublados y quería morir y para cuando el dio su último paso hacia mi, yo ya había desmayado.

viernes, 14 de marzo de 2014

NOCHE LUNA

¡Un recuento de aquella mágica noche!

-¿Cómo puedo describir lo que sentí ese día?-

Habíamos bebido algunas copas de un viejo vino que tenía hacía varios años en la nevera, como era una “ocasión especial” a meritaba des-taparlo. - Al menos eso me dijo al oído mientras me tomaba de la mano, no sabiendo que mi cuerpo se retorcía al son de sentir su aliento tan cerca de mí- . Ya era más de media noche, aspirábamos de ese polvo mágico que adormecía  nuestras cavidades nasales y manipulaba nuestra razón. - Pensaba que quizá esa noche, solo por esa noche íbamos a estar completamente sobrios, pero con él nunca se sabe que esperar. ¡Es tan impredecible!… Esta luna iba a  ser completamente diferente a las anteriores, algo dentro de mí lo sabía –

Mi cabeza revoloteaba por toda la habitación, mis ojos estaban cerrados y mis labios secos, quería  más vino y como pude me levante del sillón, tome una copa y fui directo al baño, al entrar de inmediato el espejo me revelo el estado en el que me encontraba, mis ojos estaban rojos como si fueran a explotar en un segundo, con el maquillaje corrido que me hacía ver como un mapache callejero y maltrecho, mi nariz adormecida y rojiza, mis labios estaban tarjados, no podía pensar, él estaba en mi cabeza, solo pensaba en él, en su aroma, en sus manos, en su cuerpo, en su sonrisa tan picara e inocente al mismo tiempo, en su pelo crespo y tan loco como el mismo, en su barba que hacia un contraste bastante interesante con sus labios, empecé de inmediato a sudar, deje la copa de vino y tome un vaso de agua, lave mi rostro y retoque un poco el maquillaje, me senté al lado del retrete y en una fracción de segundo me dormí, mi cuerpo estaba demasiado pesado, mis ojos se cerraron por si solos y no pude salir del  baño. 
No habían pasado más de quince minutos cuando alguien toco, no conteste, abrieron la puerta, era el…

Desperté en la cama, no había nadie junto a mí, estaba desorientada y el alcohol había dejado secuelas, me dolía bastante mi cabeza, volví a sentir mi nariz y mis labios aún estaban secos, tenía tanta  sed, no podía recordar cómo había llegado a la cama, no sabía qué hora era y me asustaba darme cuenta que estaba sola, que él se habría ido de nuevo, así que me puse los zapatos, organice un poco mi cabello y ropa. Salí del cuarto extraño en el que estaba, pase por un pasillo que me llevo directo a la sala, allí estaba – ¡Que alivio, ahí está!... Dormido, es tan lindo. Sonrío al verle – llegue a donde estaba, el sillón era un poco incómodo pero cabíamos los dos, me acosté a su lado y puse su mano en mi cintura, quería sentirme cerca de él, me acurruque y de nuevo quede profundamente dormida…

Pasaron algunas horas y con ellas se fue el efecto embriagante de la luna, ya era de día. Aun dormida empecé a soñar con él, estábamos aquí en este sillón, volteo mi rostro hacia él, siento su respirar y mi cuerpo tiembla al sentirlo tan cerca de mí, empiezo a suspirar un poco más fuerte, mi ojos se abrieron y ahí estaba – No era un sueño- mis anclajes no pararon sus instintos, no sé qué acabo sucediendo y nuestra incomoda postura se dilato en el tiempo, se acercaba más a mí, sus labios se encontraron con los míos, me moría de ganas por tenerlo más cerca, pasaba mis manos entre su cabello crespo y ajado, aun no me besaba, solo rosaba mis labios – Quería morderlo, retorcerme entre sus yemas enganchadas a mis vértices, la noche luna nos dejó su magia al irse y el amanecer nos disfrazó de piel y sudor-.

El deseo infernal carcomía mis entrañas, mis piernas habían cedido y mi entrepierna palpitaba. Habían transcurrido algunos minutos en los que me había seducido completamente y estaba dispuesta a todo, notaba que su respiración se había agitado, suspiraba cada vez más fuerte y sus brazos rodeaban mi cintura para apretarme hacia él.
Parecía saber que yo lo deseaba  tanto como el a mí, parecía notar que yo estaba tan excitada y eso le encantaba, abrió sus ojos y me miro por primera vez, roso de nuevo sus labios con los míos, me beso, creía que nunca lo iba a hacer. -¡Lo hizo, me beso!-

El ambiente se empezó a tornar más tenso y cálido, nos disponíamos a respirar después de ese beso que nos hizo subir un poco más las ganas y el deseo de ser uno.  

Empezó a acariciarme, sus manos hacían magia, erizo cada centímetro de mi cuerpo, lo bese de nuevo esta vez con más fuerza, mordía sus labios y mis manos rosaban su rostro mientras que las suyas habían llegado con delicadeza a mis senos, los toco tan suave que fui al cielo y volví en un segundo. Me levante y me quite el vestido negro que llevaba puesto, el me observaba y eso me ponía más caliente. Vi su rostro un poco pícaro por la situación y misterioso por el momento, por mi cuerpo casi desnudo por completo, me acerque, le quite su camisa, tome un trago de vino que había en la mesa y lo derrame sobre su pecho, le di un beso con sabor a alcohol y fui bajando suavemente por su cuello, lamiendo, mordisqueando y absorbiendo su embriagante piel.
Su pantalón ya no estaba en su lugar y su entrepierna estaba en mis manos, lo hacía retorcer de placer y su erección buscaba la mía. 

Yo estaba tan excitada que apenas podía respirar, ahora era el quien lamia y absorbía mi piel, paso su lengua y sus labios por  mis pezones, los mordía haciéndome retorcer entre latidos y gemidos, su lengua siguió descendiendo hasta mi entre pierna mojada, mis braguetas desaparecieron y mi sostén se había ido, no puedo describir lo que sentí en ese preciso instante, solo puedo decir que llegue al máximo de mi excitación y quería que estuviera dentro de mí y poder llegar a ser uno y bajar al infierno con nuestros más primitivos instintos y subir de nuevo al cielo y ver las estrellas en toda su magnificencia.

Nos besamos de nuevo y estábamos a un centímetro de ser dos gatos jugando a ser humanos en esta habitación tan gris, estábamos a un centímetro y a un segundo de dejar de ser nosotros, para ser vida en toda la vida.

- Entro en mí-. Disfrute tanto sentir su erección abriendo paso por mis cavidades, mis carnes estaban dispuestas a dejarlo entrar y salir cuantas veces quisiera, mis labios y su lengua andaban en faena, mis uñas rasguñaban de placer infinito su espalda, sus manos apretaban con más fuerza mis senos. El vaivén de su cuerpo en mi cuerpo muriendo entre deseos, nuestra piel encajada en llamas hizo que la respiración se agitara aún más, la tonalidad de nuestros gemidos, hacían una sinfonía extravagante, música para demonios ardiendo en pasión y furia en ese infierno llamado sexo, solos los dos en nuestro más perverso pecado, fundidos en caricias, en besos.


Muriendo, reviviendo en esa entrada y salida de su cuerpo en mi cuerpo, con tanto deseo, con tanta pasión, con tantas ganas, estábamos mojados, el sudor de nuestra piel nos incitaba a seguir, a venirnos, a llegar a ese orgasmo letal y tan lento, tan psicodélico. Ese orgasmo que nos llevó a un delicioso clímax, el mejor clímax…   
 ENTERRADO EN EL TIEMPO

Y cuando  no podía más que recordarle en sueños escabrosos, cuando no podía más que recordarle entre mis dedos y su cuerpo, cuando la vida había deseado abandonarle rechazándolo  como la porquería de hombre que es, cuando no podía estar más sorteado entre el mal y las tinieblas del abismo que atraía su mente suicida y lo empujaba cada día un poco más a la omisión de este amor taciturno e ilusorio.


Cuando no podía más que querer tumbar su cuerpo en la fría muerte  y poder librarse de los demonios trastornados que en su vida habitaban, cuando todo parecía que había quedado en remembranzas  y decepciones, este demonio infame y hechicero apareció de nuevo, demonio travieso y manipulador, ese que se hace llamar mujer, una costilla extraída del barón, según Dios, el divino pecado encarnado en Eva, el mismo diablo, el mismo infierno disfrazado de piernas y un rostro celestial , llego de nuevo para hundirlo en un desengaño mortal , incinerando su alma, separándolo de lo real a lo irreal , jugando con las ruinas de su corazón, extinguiendo su cuerpo, terminando con su enfermiza existencia dejándolo atrás con una sonrisa al amanecer, así se fue muriendo y lo negro que había dentro de el  escapo al infierno y yo lo enterré en el tiempo…