Costumbre
Creo que se me
ha vuelto costumbre creer en idiotas, en esos que pintan el cielo color naranja
sin antes cubrirlo de mierda. Se me ha vuelto bastante común decir que si,
quizá con una estúpida esperanza de que sea al menos un poquito diferente y se
parezca a un alíen. Creo que he perdido la capacidad de discernir y poder huir,
de poder dejar atrás a quien me hace mal, creo que he tergiversado los
acontecimientos y me hundo en el intento de querer borrar con letras este
maldito miedo. En ocasiones puedo salir huyendo pero pronto regreso con un
hueso de perro o con patas de cabra queriendo volver a hechizar a algún mortal,
volviendo a jugar, a amar al fuego imposibilitando a mi alma a que sea libre. Hace
tiempo no mido el tiempo y los tintes de la luna me hacen doler la cabeza, me
impulsan a correr y dejar de sentir. Me he acostumbrado a estar aquí sentada
siempre a la espera de nada o quizá de todo, a la espera de un héroe con
complejo de humano, que sea tan banal y carnal, tan pasional y que no le
funcione su raciocinio, uno de esos tontos con delirios y enamorados del sol, uno de esos; que le
guste el enredijo de cabellos debajo de las sabanas, entre manos y besos, entre
suspiros y silbidos en el amanecer.
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