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viernes, 25 de abril de 2014

                                                 Miedo

No le tengo miedo a él, ni a mí, ni a ustedes, solo que no me explico el temblor, ni el sudor, ni mi confusión, ni estas malditas lágrimas. La oscuridad no me da miedo, pero no me explico porque corro, porque prendo velas, porque siempre termino en sus brazos. Solo no sé cómo demonios mirar estrellas, ni entender a la luna, ni entenderme a misma. No le tengo miedo a la lujuria, me ha atrapado y ahora no escucho ni mi voz. No le tengo miedo al odio aunque, solo sé que el enojo se hincha en mis entrañas  y cada vez lo aborrezco más, es algo inevitable, algo irreparable, algo irremplazable. No le tengo miedo a esos ojos que están llenos de heridas antiguas y un deseo incontrolable por mis labios, no le temo a su amor, ni a su fastidiosa ternura, no le temo a sus caricias que vagan por mi cuerpo, no le temo a su capa protectora de rudezas, ni a su cuerda locura, ni a sus trastornos mentales. Si tan solo pudiera no temerle al mundo a su mundo a nuestro mundo, estaríamos aquí sentados atrapando grillos y tomando café, estaríamos existiendo, sintiendo, muriendo juntos. 

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