Miedo
No le tengo
miedo a él, ni a mí, ni a ustedes, solo que no me explico el temblor, ni el
sudor, ni mi confusión, ni estas malditas lágrimas. La oscuridad no me da
miedo, pero no me explico porque corro, porque prendo velas, porque siempre termino
en sus brazos. Solo no sé cómo demonios mirar estrellas, ni entender a la luna,
ni entenderme a misma. No le tengo miedo a la lujuria, me ha atrapado y ahora
no escucho ni mi voz. No le tengo miedo al odio aunque, solo sé que el enojo se
hincha en mis entrañas y cada vez lo aborrezco
más, es algo inevitable, algo irreparable, algo irremplazable. No le tengo
miedo a esos ojos que están llenos de heridas antiguas y un deseo incontrolable
por mis labios, no le temo a su amor, ni a su fastidiosa ternura, no le temo a
sus caricias que vagan por mi cuerpo, no le temo a su capa protectora de rudezas,
ni a su cuerda locura, ni a sus trastornos mentales. Si tan solo pudiera no
temerle al mundo a su mundo a nuestro mundo, estaríamos aquí sentados atrapando
grillos y tomando café, estaríamos existiendo, sintiendo, muriendo juntos.
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