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martes, 14 de octubre de 2014

Libre


Me libere de sus cadenas, de sus procelosos  besos inventados,  de esos abrazos improvisados en la calle, de aquellas malas caricias con malicia, de esa condena que me tiene atada a un  ser oscuro.  Volveré a mi revolcado cuarto, lleno de cartas desechadas que nunca entregue y con olor a cigarro y un poco a formol y vino combinados en un aroma a dolor y soledad. Seré libre dentro de estas cuatro paredes hechas para llorar y exorcizar demonios que nunca se van, paralizada, casi inmóvil me convierto en un muerto sin entender si quiera lo que digo, siendo  compadecida, rehuyó de mi misma. Me invente mil maneras de perder la cabeza y explorar cuerpos ahumados y toqueteados por todas. Aprehendí  a despedirme mecánicamente, a irme, a dejar, a huir calladamente y con la ropa en su lugar. Me dedique a perder el tiempo dándole alas, haciendo muecas de felicidad temporal y  me rehusó a perderle el gusto a su falta de respeto y su falta de confianza, su falta de pecado. Sin arrepentimientos me despido porque no eres verdad, no eres cierto, no eres real.  Aquella vela azul que le da un toque sombrío y alentador al día de hoy prendida ya está, su llama arde sacando a esos espíritus negros y le abre paso a la sanación. Acumulare recuerdos en ese baúl viejo y lleno de esencias y almas perdidas en letras y desilusión, lleno de olores y sabores de caprichosos amores. Me liberare, dejare que ese calor de su cuerpo en mi cuerpo se enfrié, se hiele, se congele, se cristalice como el sueño que degenera y anhela una caricia más. La idealización se rompió y la angustia nunca amo a ese mendigo. 

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