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martes, 14 de octubre de 2014

Quiero


Ven, folla mis oídos, mis labios mis manos. Quiero un hombre sin complejos y que me deje morderle las tetillas, los tobillos y los nudillos, que me deje faltarle al respeto profanándole la mente y endemoniarle el espíritu. Un hombre con quien pueda comer, dormir, beber y  perdernos en el humo del humo aquel.  Ese al que le pueda gritar en la cama y consentir en el sofá,  a quien pueda llevar al paraíso del infierno con un orgasmo provocado por mi sofocante sonrisa y  delirante abrazo. Uno a quien poder joder en la noche y dejarlo soñar en el día, con quien caminar calle arriba y calle abajo. Quiero un hombre que se deje matar y me mate de cualquier forma, quien llene mis vacíos y me haga olvidar estúpidos rencores de antiguos amores. A quien decirle gordo, feo y afeminado, con quien burlarme de esos otros tontos enamorados; quiero poder decirle a ese hombre al oído que esta frio y me enfrió; con quien poder cruzar miradas de picardía y complicidad al ver pasar eso que nos hace volar. Quiero un hombre bastante malo, que me haga cosquillas y haga crujir mis huesos, que me torture con su divina  y extensa presencia, quien me abrigue cuando tenga frio y me bese cuando tenga calor, que erice mi piel con su voz y me despierte con su corazón. Quiero un monstruo sexy y muy cursi, un monstruo verde y cuentacuentos  tan cuentacuentos como yo. 
Hechizo


Creo que he conseguido tener cierto poder sobre su mente, sobre su cuerpo y un aliciente placer al sentir su alma rendida a mis pies. Prendo aquella vela negra y atisbo a su fuego que me da señales de proseguir con el hechizo, de continuar con aquella velada oscura, deslumbrante y peligrosa. Iniciando el ritual con besos manchados de ansiedad y penumbra, consagrando con blasfemias el encuentro tortuoso entre nuestros ojos y dirigiendo cánticos desgarradores a la oscuridad seguimos adentrándonos a lo infernal, a lo banal y carnal. Se ofrece a mí ese pobre humano sin antelaciones, embelesado por la tentadora tiranía de la muerte, se postra ante mí ofreciéndome su aliento, dándome el inmenso poderío de destruirlo y acabarlo con una caricia, se desliza ante mí esa humanidad tan bellamente imperfecta, tan ensordecedora y atrayente. La apuesta se eleva cuando tan fácilmente pierde sus estribos y no le queda nada más que la demencia después de un frustrante intento de redimir sus pecados, después de dirigir sus plegarias al cielo sin ser escuchado ni bendecido, ahí es cuando la apuesta realmente dispara su flecha que técnicamente ha de encerrarlo en el lugar más pesaroso y macabro de mi cuerpo. Allí la vida se esfuma, se consume en alaridos y chillidos, en arañazos y azotes, en profanaciones espirituales y maravillosas contradicciones, en absorciones y laceraciones que solo un endemoniado y malvado corazón puede alcanzar y aquella divinidad escondida entre el pecado más vano del humano estará condenada a perecer y dejar de existir.
Sinfonía perfecta


En medio de un perfume casi exquisito y un tanto perturbador, entre gemidos repetidos, continuos y agobiantes.  Entre carnívoras miradas, sus ojos se encontraron para quedarse tan perdidos, tan inexpresivos y locos. En el momento todo cuadraba, las sabanas, el cigarro y la música, el vino hacia juego con esa boca roja y esos dientes de luna, la cama un contraste primoroso con ese cuerpo que finiquitaba desnudo en la orilla. Y las guitarras haciendo un acorde, fusionadas con el vaivén de dos cuerpos unidos en una sinfonía perfecta, en una revolución  contaminada de oscuridad y lujuria. Allí estaban  sintiendo la tensión, absorbiendo olores y disfrutando sabores, irreconocibles por el sudor, por el maquillaje corrido y el pelo revuelto de manos, de lenguas y enredijos. Estaban tan cerca y  lejos al instante mismo. No podían más que aguantar a su próximo encuentro, a su próxima muerte. Nada que decirse, nada que expresar. Su lengua solo funcionaba cuando tocaba la de él y su boca plasmaba un extraño rechazo a las palabras. El consumo de sus propias vidas con besos y excesos, concordaban en  una proclamación y profanación a la pasión, a la fumigación de sentimientos y flaquezas del corazón. Se la pasaban huyendo del infierno, de ese punto de partida, jugando a tirar del arco  la flecha y buscando razones para quedarse y amarse, para sentirse vivos estando muertos. 
Un desastre


No me importa lo que puedan decir o no decir, ya no hago caso. La cristiandad que habitaba en mis días ahora se convirtió en rebeldía, en una extraña pureza oscura que impregna el alma y el cuerpo. Creo que ahora soy lo que nadie quiere, lo que nadie busca, un monstruo hecho de pelo de caballo y piel de cerdo, con cuernos de cabra tan absurdos como quien los puso, soy a quien nadie desea, ni de quien pudieran enamorarse, no soporto lo cursi – Ahora a cualquier cosa le llaman poeta- Soy un desastre andante de quien nadie nunca pudiera aferrarse, huelo mal y mis mocos están en constante pelea con mi nariz. No puedo dejar de ser desagradable, mi esencia hace de mí la imperfección hecha mujer. Creo que  el insoportable hedor que de mi emana es eso que odio de mí, ese olor a niña, a ingenuidad, a costumbre. Esta impulsividad de vomitar sentimientos, me enferma,  me condena a la sinceridad propia de una tonta, creo que debería salir corriendo. La valentía no se hizo para este gusano de ojos cristalizados y corazón de mimbre. No se hizo para mí el tempo, ni el tiempo, ni la duración tampoco la perduración. Es el castigo del cielo quizá por entregarle mi alma a la oscuridad, ese castigo de querer olvidar recordando, reconociendo, soñando. Creo que no puedo ser buena, lo bueno está sobrevalorado, la dignidad es cuestionable y el acertijo de la vida jamás podre resolverlo. Las cosas que decía ahora no las digo, las odio, a quien quería se convirtió en la pesadilla de mis días y  esa amistad de años ahora es solo una enfermedad. Es lo que digo, no creo, no pienso. La vida, mi vida se está gastando, los momentos pasan y los años se consumen como aquel cigarro que en mi mano descansa y como aquel árbol que se le cae las hojas y simplemente muere. Nunca he dicho gracias, no podría querer algo que no sea mío, aunque lo deseara tanto que pudiera renunciar a mí misma para encontrarlo. 
Bestia salvaje


Me perdí en alientos de alguien sin corazón, deje que mi cuerpo fuese envilecido por el hombre lobo;  y sus colmillos rosaran mis labios, que sus garras desprendieran de un tirón mi vestido, que el sabor de su veneno recorriera mis venas y me convirtiera en una especie de bestia salvaje. Deje que su sudor impregnara mis entrañas, queriendo buscar su corazón me escabullí en su alma negra, dañada por el tiempo, por perros y unas cuantas  hienas. Perdida dentro de su cueva, en sus sabanas rojas de mi propia sangre derramada cada segundo tras un desenfrenado ritual pervertido que nos convirtió en dos seres enjaulados en la peor celda de pasión.  Fui objeto de distracción y diversión, una travesura mal hecha. Obligada a encontrarlo luego en el olvido; cuando no se tiene otra opción ni otra oportunidad, ni otro clavo ni otra bala. No tenía otra elección que la de atravesarle la estaca en su odioso corazón, acabar con la poca luz que su esencia tenia y hundirlo en los confines de la oscuridad, tal vez condenándome a mí misma porque el sucio veneno de sus besos me hizo eterna y me hará la viva imagen de aquel desconocido lobo. Simplemente cuando no se tiene otro chance de odiar ni matar de nuevo. El aliento de esa criatura se  le fue arrebatado, su color se desintegro y su hedor se esfumo. La noche envolverá esa obscuridad de mi sombra haciéndome esclava de secretos y  recuerdos de versos viejos. Encadenada de su garra, aguardando morir en su regazo. La noche acaba y el crepúsculo me deja completamente ciega, sintiendo no más que revolturas en el estómago, perdida entre la intriga, fatigada y asustada. Amanece, el lobo dejo de existir y la luna apago su luz, lo que antes eran dulces besos de ilusión ahora son solo pasado.  Y el día quema la locura misma  del sufragio y el naufragio de mi alucinación. 
Costumbre        
                                                                                                 

Creo que se me ha vuelto costumbre creer en idiotas, en esos que pintan el cielo color naranja sin antes cubrirlo de mierda. Se me ha vuelto bastante común decir que si, quizá con una estúpida esperanza de que sea al menos un poquito diferente y se parezca a un alíen. Creo que he perdido la capacidad de discernir y poder huir, de poder dejar atrás a quien me hace mal, creo que he tergiversado los acontecimientos y me hundo en el intento de querer borrar con letras este maldito miedo. En ocasiones puedo salir huyendo pero pronto regreso con un hueso de perro o con patas de cabra queriendo volver a hechizar a algún mortal, volviendo a jugar, a amar al fuego imposibilitando a mi alma a que sea libre. Hace tiempo no mido el tiempo y los tintes de la luna me hacen doler la cabeza, me impulsan a correr y dejar de sentir. Me he acostumbrado a estar aquí sentada siempre a la espera de nada o quizá de todo, a la espera de un héroe con complejo de humano, que sea tan banal y carnal, tan pasional y que no le funcione su raciocinio, uno de esos tontos con delirios  y enamorados del sol, uno de esos; que le guste el enredijo de cabellos debajo de las sabanas, entre manos y besos, entre suspiros y silbidos en el amanecer. 
Si me quieres, compláceme


El amanecer me ha dado alas para volar hacia casa, me ha dado valor y un poco de sabiduría en esta ignorante vida. Las cosas no han sido muy amables y encontrarte me ha dado esperanza, verte sonreír hace que quiera levantarme y tomarte de la mano en la calle. Y no sé si puedas leerme, pero ahora, justo ahora no me iré,  me quedare esperando en tu regazo el mañana. Y no importa si no recuerdas mis caricias, ni mis besos, ni mis ojos viéndote, ni mis manos recorriendo tu cuerpo, yo solo esperare a que me veas como yo a ti. Y si me quieres, compláceme. Estoy totalmente segura que las mentiras del día se irán en la noche, la luna será mi cómplice y tú serás mi hechizado. Puedo dejar de buscarme, dejar de ser yo misma pero lo cierto es que no lo quiero así, me he cansado de llorar y desperdiciar mis lágrimas en personas que no valen la pena y dar lo mejor de mí a quien no merece cosas buenas. Lo cierto ahora es que puedo palparte, puedo sentirte y me basta con soñarte. De lo único que estoy segura es que las mentiras hacen parte de ti y de mí, pero trato de ser paciente y dejar las confusiones para poder mirarte solo a ti. En realidad te conozco poco, pero te quiero y deseo que recuerdes mi aliento o mi nombre al menos.  Puedo verte de lejos y no sentir miedo, sentirme a gusto y confortarme desde estas letras mal escritas y con un sentido diferente.  Serás quien me despierte de este sueño, de esta ensoñación de ti. Las metáforas se han ido, hoy todo será real y terrenal, como nosotros. No sé a veces que pensar, ni que hacer, ni que decir, todos dicen que soy rara, que me falta un tornillo, pero la verdad de tras de todo lo que demuestro es que soy tan sensible y amarga, tan imperfecta y maltrecha con delirios de princesa y expectativas demasiado elevadas, quizá por esos  héroes literarios que me han cautivado. Pero al menos eso me hace vivir, existir un poco cada día, con mi cuerda locura, con excesos y deseos, con estas ganas de ti y tu sentimiento. Ahora que te tengo, mi corazón no para de latir, mis sentidos han despertado de nuevo y la aventura ha tocado la puerta de mi cuarto. Si me quieres, compláceme. 
Casualidad 

Y cuando baje la guardia, cuando baje mis manos para dejarme mojar por la lluvia acida de la tarde, cuando deje que al fin mis pulmones respiraran un aire diferente pude comprender el sentido de lo imposible. Una combinación de un ángel con cara de demonio se acercó para seducir a esta loca hija de la luna y la lujuria, me atrajo hacia él, con una entonación de aquella melodía dulce y absurda que embelesaba mi cuerpo y mi alma, pude comprender que desde entonces ese ángel- demonio habitaba tan dentro de mí;  que jamás podría volver a ver la luz del día si él no me acompaña a sentirla. Cuando por fin pude trascender apareció con su sonrisa, con su encanto de demonio enjaulado y su mirada de un tonto encadenado a su pasado. Ahora estoy por casualidad aquí, viviendo en un  sueño casi extraño y extinto, en una ilusión afligida y fatigada. Hoy entre cruces de palabras y acertijos del destino, entre juegos del universo mañoso, entre compañías gustosas y otras moribundas e interesadas me entrego a esas sabanas, a esos labios, a esas manos, entrego mi ser a ese ángel- demonio que encadeno mi dulzura en su pasión y mi demonio a su alma. Quisiera tan solo escapar, huir de esta ciudad, darle rienda suelta a esta locura, a este desastre. Quisiera tan solo que soñaras con enredarte en mi cabello y perderte entre mis suspiros, que quisieras  quemarte con el fuego de mi cuerpo y arder entre mis labios, que desearas con todas tus fuerzas de loco  lobo hambriento y enamorado, aullar a mi lado esta noche y todas las noches de luna llena.  Caminar descalzos por la selva pisando hojas secas y escuchando solo el sonido de nuestros latidos. Conjugando nuestros alientos por casualidad, solo por casualidad.









Libre


Me libere de sus cadenas, de sus procelosos  besos inventados,  de esos abrazos improvisados en la calle, de aquellas malas caricias con malicia, de esa condena que me tiene atada a un  ser oscuro.  Volveré a mi revolcado cuarto, lleno de cartas desechadas que nunca entregue y con olor a cigarro y un poco a formol y vino combinados en un aroma a dolor y soledad. Seré libre dentro de estas cuatro paredes hechas para llorar y exorcizar demonios que nunca se van, paralizada, casi inmóvil me convierto en un muerto sin entender si quiera lo que digo, siendo  compadecida, rehuyó de mi misma. Me invente mil maneras de perder la cabeza y explorar cuerpos ahumados y toqueteados por todas. Aprehendí  a despedirme mecánicamente, a irme, a dejar, a huir calladamente y con la ropa en su lugar. Me dedique a perder el tiempo dándole alas, haciendo muecas de felicidad temporal y  me rehusó a perderle el gusto a su falta de respeto y su falta de confianza, su falta de pecado. Sin arrepentimientos me despido porque no eres verdad, no eres cierto, no eres real.  Aquella vela azul que le da un toque sombrío y alentador al día de hoy prendida ya está, su llama arde sacando a esos espíritus negros y le abre paso a la sanación. Acumulare recuerdos en ese baúl viejo y lleno de esencias y almas perdidas en letras y desilusión, lleno de olores y sabores de caprichosos amores. Me liberare, dejare que ese calor de su cuerpo en mi cuerpo se enfrié, se hiele, se congele, se cristalice como el sueño que degenera y anhela una caricia más. La idealización se rompió y la angustia nunca amo a ese mendigo. 
Lo que queda

Hoy la confusión se apodero de mi cuerpo, el error me hizo caer en el abismo y ahora pierdo en la batalla de quien es más fuerte. Hoy mi cabeza se empeña en contagiarme de esa tal enfermedad llamada miedo. Quisiera por un momento sentirme en casa, no dejarte ir, no haberte perdido. Mis manos han contribuido a hundirme más y hacer que la luna se tinte de sangre esta noche. Mi corazón no pudo soportar ver llorar al sol y ahora es como un niño chiquito cuando le quitan su juguetico, se ha encogido un centímetro y la marca del lobo está a flor de piel y el drama, la malicia y el desasosiego hacen parte de su huida.  Quisiera limpiarme, lavar de mi las inseguridades, las faltas, las peleas,  los enojos, quisiera limpiar de mi esa desconfianza que sale por mis poros, si poder quisiera esconderla, sin poder si quiera amarrarla, ella sale sola, y hace de las suyas en los peores momentos, me convierte en una  locura insana  y un cinismo doloroso. Esta noche quisiera que olvidaras todas las cosas que dije sin sentido, las que calle, las que dije a medias y esas que impulsivamente salieron de mi boca como vomito. No puedo querer apartarte de mí, no puedo dejar de pensar en ti. Entender se hará difícil, la vida nos arrebata cada tanto, una de esas oportunidades de ser feliz, de querer, de amar y es ahí donde nos damos cuenta de lo absurdos que en ocasiones nos comportamos. Quizá yo sea una epifanía, una de esas cosas efímeras que pasaran por tu vida, una rara mujer de cabello largo que se enreda entre estrellas y la oscuridad de la noche, que vive de letras y se alimenta del humo aquel, una chiquilla asustadiza que se equivoca constantemente y no aprende. Hoy no estas y mañana te iras. Te espero dije un día y aquí estoy aún, esperando ese unicornio de color azul celeste
Perdí


Tengo la sensación de que esta vez perdí, de que el juego que empezó un día, hoy termina. Perdimos nuestras cabezas, nuestros corazones se cerraron y  a la partida se agregaron el universo morboso y mañoso y el amanecer con tinta negra derramada del esfero. No sé cómo sentirme, pero sé que en mi cabeza siempre llueve, las tormentas se hacen cada vez más frecuentes y avariciosas. Trato de poner atención pero tus palabras desaparecen junto con tu aliento y tus besos. Muero a veces  rehusándome con todas mis fuerzas a volver y lo más probable es que ignores como me siento. Me tragare las palabras que me consuelan y me rompen pero es obvio que eso a ti no te molesta, ni te conmueve. Pasare el resto de mi vida recopilando momentos  y anhelando verte de nuevo.  Esta noche todo ha cambiado, me he vuelto una niña, que incompleta se la pasa buscándote entre mensajes, entre risas, entre bromas, entre abrazos maliciosos y cargados de pasión. Me retirare lentamente de este juego que perdí. Fumare del roto de mi cabeza y dejare sueltas las tuercas.  Y seguir, seguir pensando en ti… 
Bruja o Mujer


Pude ser una bruja, una maldita bruja. Pude hechizarte mientras dormías plácidamente encima de mi vientre, pude haberte aferrado a mis nalgas con solo chasquear los dedos y entonar una melodía diabólica en tus oídos. Pude dejarte sin argumentos al pensar que podías ser mi ensueño, al pensar que podrías vivir para contar esta historia. Pude, divinamente encerrarte en mi sótano y castigarte por tus pecados; por no quererme, por no arrodillarte ante mí, por ser todo lo que quisiera del mundo y su mierda. Pude hacerte sentir el cielo con una caricia y bajarte al infierno con estas palabras.  Pude ignorar la basura, a los buitres y a los cuervos rondándote mientras te despedías dejándome sin aliento. Pude y podría ser esa bruja, ser el demonio atormentando tus días, tus horas, tus segundos. Pude instintivamente matarte, cortar cada miembro de tu cuerpo y guardar cada pedazo en una caja debajo de mi cama. Pude preferir dejarte vivo y comerte solo a veces, de a poquitos, disfrutar de tu cuerpo y de la sangre que se derrama con tus besos fríos.  Pero la magia que tu ser emana hizo que eso negro dejara de fluir, la luz que tus ojos me daba era el contra hechizo a mi hechizo.  Y resulto que esta bruja amarga y dolida se convirtió en una mujer real pero imperfecta, llena de miedos e ilusiones carentes de sentido, carentes de ti. Resulto que matarte se postergo porque ahora esa bruja se aplaco. Puedo ahora contribuirle al tiempo, con vino, con luces de bares y noches salvajes. Puedo darle sentido a tu ausencia y acariciar el pasado con una sonrisa sincera. 
Me voy


Me voy para salvarme, para sanarme, para castrarte de mí. Me voy hacia donde me sople el viento y estos pies me lleven. Me voy por otro camino porque me da la gana, porque no quiero volver a verte, porque así soy y seré, porque me quiero ir tanto o más que tú. Esta noche ando loca y quiero que quisieras no quererme ni querer que no te quiera, ando con ganas de tomar licor y ahogarme en palabras que nunca dije ni diré porque te fuiste. Me voy sin anhelar un regreso, un encuentro, ni una cerveza más. Me voy y olvidare ese amor utópico que inventaste entre canciones ya usadas y regaladas a alguien más. Me voy a vivir y a ser feliz entre aromas de libros viejos y cuentos de añejos. Estaré sentada mirándote de lejos pensando en cómo hubiera sido sentirte de nuevo, besarte esos labios secos y darle un nuevo color a tu cabello. Me voy.
No te confundas, ten cuidado.

No te confundas, las personas no son lo que parecen ser, siempre ocultan sus demonios en sus más dulces palabras. No te confundas que así soy yo, que así eres tú; borrachos, embriagados de soledad y frio, de un escalofrió perdido entre gritos ensordecedores de almas “amorosamente separadas”. No te confundas, no eres más que un efímero amor, un volcán  de pasión, un niño asustadizo y tonto. No te confundas, no pierdas la poca cordura que tienes por perderte en estos labios sedientos de ti, por estas piernas que tiemblan si estas cerca de mí, por estos ojos que te dicen, no te vayas.  No quiero enseñarte a huir pero ya corriste, ya alzaste tu vuelo lejos de mí, elegiste partir. No te confundas, no pierdas el tiempo en una cabeza llena de pelo y mil complejos, no pierdas tu valioso tiempo en una bruja porque podrías morir siendo producto de un hechizo fallido.  No te confundas, no te atormentes, no te ilusiones, no te enamores, no me sigas. Ten cuidado y no te confundas, solo soy pasado, un pasado rápido, un pasado que olvidaras y dejaras de recordar y ten en cuenta que, “el amor muerde”. No te confundas, sálvate de ti mismo, no me desees, no me hables; usa el silencio, usa la indiferencia como arma para protegerte de tus ganas de hacerme el amor, de tus más primitivos sentimientos hacia mí, protégete, usa el escudo de mentiras y huye muy lejos de aquí
Una atadura

Quizá me ate a  su falta de pecado, a su falta de miedo, quizá a su ávida vida o su peculiar sonrisa. Quizá me ate sola a un lazo que no tiene nudo o que ni siquiera existe. Quizá sea una figura idealizada en mi mente, una asociación de ese personaje del libro que tanto leo, tal vez me ate a su locura, a sus ganas de ser libre, a su manía por la adrenalina y por las nalgas tibias. Quizá estoy atada, impregnada de su aroma, de su piel, de sus besos alineados con sus caricias, de sus ganas de mí. Quizá este bajo el efecto perturbador de su encanto; ese que me hace temblar los huesos y ruborizar los cachetes. Si, quizá este atada a su mundo; al que nunca entre y del que nunca hare parte. Estoy atada a su terca insistencia de huir lejos de aquí, especialmente de mí. Quizá me deje llevar por ese amor que le profesa a la luna y a esas melodías de los ríos y la lluvia que lo hacen querer partir.  Tal vez este atada a sus miradas, a su pelo loco de colores, a sus mordiscos. Quizá el ni lo entienda, ni siquiera lo sepa, tal vez solo lo ignore, que me ate más a él cuándo decidió irse. Si, lo sé, me ate  a un nigromante peligroso y lleno de miedos pasados y puede parecer absurdo y de hecho lo es. Me ate, lo admito
Y bueno

Y bueno eso es lo que quiero, lo que deseo. Hoy quizá pueda errar en mi decisión y caer en el abismo del olvido y la indiferencia, es un riesgo que tome al dejarle ir. Yo no puedo ser más que esto, ser más que una niña rota, mimada y hasta mal criada, no puedo dejar de ser el desastre que soy, el miedo está constantemente en mi cuarto; en una esquina para recordarme el pasado, puedo verlo sentado junto a mi obligándome a huir. No podría pretender ser mejor porque soy la peor versión de mí, soy totalmente imperfecta y eso me hace más irreal de lo que puedo imaginar. Entonces, después de una noche ruidosa, asfixiante y acompañada del señor oscuro  pude comprender que no soy para él;  que yo podría ser una especie de mala influencia o mala yerba que se yo, podría convertirme en su sombra más cruel, despiadada y hasta caníbal. Esto solo podría reducirse a egoísmos e individualidades, a escondernos detrás de mentiras y juegos sucios de seducción. Y bueno, así es el cuento, el lobo resulto ser la victima de caperucita quien con su encanto lo envolvió y lo mato, resulto que era el ser más “inocente” y solitario de la selva, así que desde que ella le miro a los ojos el callo como avispa a la miel, lo torturo lentamente hasta conseguir su muerte, era una locura. Ese traje se tiño de la sangre de ese pobre lobo “creyente” y ahora solo queda de él los colmillos colgados en el cuello de aquella mujer.





Y quien


¿Y quién se hará cargo de este desastre que tú solo armaste? ¿De esta revoltura de sentimientos que provocaste? ¿De las ganas infinitas que tengo de besarte? ¿Dime, quien se  hará responsable de mis noches de insomnio, de mi cuerpo que solo te busca a ti, te necesita a ti, te espera a ti? ¿Cómo podría si quiera, intentar olvidarte, si eres todo lo que había soñado hasta hoy? No puedo responder, estoy vuelta un enredijo en mi escondrijo y no puedo, no puedo. Aquí las cosas se han vuelto amargas, aburridas, pesadas como cansadas de enrollarse. Combinaría divinamente un tequila o un café o en efecto un tiro en la sien. Quizá convendría un cambio de estructura, un cambio que te de apertura y te aparte de mi buen corazón por un buen rato. Quizá con alejarte  completaste y le diste verificación a mi maldición. ¿Qué más puedo hacer, o decir? Ya no pertenezco allí junto a ti, pertenezco a ese “Algún día” a ese “adiós” sin despedida, a este “escrito” que nadie lee; a ese pasado que solo nos dio efímero amor y un susto de calzón. Usando mi cabeza como atajo, como un escape, como camino de liberación y recuperación. ¿Quién si no yo, puedo arreglar o pegar o  juntar todos esos pedacitos de ilusiones rotas? Creo que hoy decidí marcharme y  dejar de esperar a que la lluvia deje de caer. Decidí partir, irme de aquí, muy, muy lejos de ti. 


Como todas las últimas noches


Hoy como todas las últimas noches, le doy un vistazo, observo desde lejos, agacho la cabeza y vuelvo a mi asiento. Gastando el tiempo en  recuerdos absurdos y efímeros, vuelvo a estar aquí registrada, oliendo a cigarro, a un poco de vino, a un poquito de mierda. Hoy como todas las noches me revuelco entre lo que fue y lo que pudo haber sido sin llegar a un punto medio; a un lugar en específico, sin llegar a sus labios. Esta noche como las ultimas han sido tan frías, tan llenas de un polvo loco que te hace sangrar la nariz y adormecer la existencia, tan llenas de pesadillas y películas crecidas en drama sin sentido; tan exasperantes y desesperantes hasta sofocantes. Aquí tirada en mi cama, me deshago del miedo y pierdo la razón por un ser que me olvido. En este cuarto el frio entra y se incrusta en mis costillas, me da un par de patadas y me deja desorientada, me deja ciega y pierdo la calma. Me domina en la madrugada el deseo de su cuerpo pero el dolor me aquieta, es como magia pura, como un ensueño agridulce pero tan placentero y tan agotador que por poco piensas que estas en la entrada del lugar más sobrio de tu cabeza, ese infierno inventado a caricias y a tantas risas, que por poco enmudeces de felicidad, por poco mueres sin respirar… Como todas las últimas noches.