Habia interferido en mi cotidianidad, había usurpado como un profesional mi rutina y mis días se habían convertido en impredecibles y horrorosos. Yo habia perdido el poder, si, habia dejado que el se adueñara de mi y me convertí en su mascota. Ya no era libre, el habia conseguido castrar, capar, cortar, matar mi capacidad de volar, no era mas yo, sin el. Y es que, pensaba que con el podía alcanzar el mar, podía incluso ir a nueva Zelanda, imaginaba yendo al fin del mundo, al infierno en su moto; alcance a soñar, y solo el universo sabe, cuanto soñé, cuanto espere, cuanto quise, cuanto anhele... El habia conseguido alcanzar el nivel mas alto de expectativas, incluso mas allá del monte everest, mas allá, de todos los océanos del mundo, mas allá de este universo y otros, mas allá de esta jodida vida. Yo, habia dejado de comprender, habia dejado de analizar y solo me dejaba llevar, me dejaba guiar de un mal guiador, de un mal ser viviente que conseguía incluso hacerme sentir mal por imaginar, por callar, por hablar, todo el tiempo conseguía culpabilizarme de la lluvia, de las tormentas, hasta de cuando salia el sol, por que odiaba el sol tanto como a mi. Absorbía mis ganas, mis jugos, solo necesitaba mi cuerpo, se alimentaba de el cuantas veces quería, cuantas veces se le antojaba. Mi cuerpo era su principio y su fin.