NOCHE LUNA
¡Un recuento de aquella mágica noche!
-¿Cómo puedo
describir lo que sentí ese día?-
Habíamos bebido
algunas copas de un viejo vino que tenía hacía varios años en la nevera, como
era una “ocasión especial” a meritaba des-taparlo. - Al menos eso me dijo al oído
mientras me tomaba de la mano, no sabiendo que mi cuerpo se retorcía al son de
sentir su aliento tan cerca de mí- . Ya era más de media noche, aspirábamos de ese
polvo mágico que adormecía nuestras
cavidades nasales y manipulaba nuestra razón. - Pensaba que quizá esa noche,
solo por esa noche íbamos a estar completamente sobrios, pero con él nunca se
sabe que esperar. ¡Es tan impredecible!… Esta luna iba a ser completamente diferente a las anteriores,
algo dentro de mí lo sabía –
Mi cabeza revoloteaba
por toda la habitación, mis ojos estaban cerrados y mis labios secos, quería más vino y como pude me levante del sillón,
tome una copa y fui directo al baño, al entrar de inmediato el espejo me revelo
el estado en el que me encontraba, mis ojos estaban rojos como si fueran a
explotar en un segundo, con el maquillaje corrido que me hacía ver como un
mapache callejero y maltrecho, mi nariz adormecida y rojiza, mis labios estaban
tarjados, no podía pensar, él estaba en mi cabeza, solo pensaba en él, en su
aroma, en sus manos, en su cuerpo, en su sonrisa tan picara e inocente al mismo
tiempo, en su pelo crespo y tan loco como el mismo, en su barba que hacia un
contraste bastante interesante con sus labios, empecé de inmediato a sudar,
deje la copa de vino y tome un vaso de agua, lave mi rostro y retoque un poco
el maquillaje, me senté al lado del retrete y en una fracción de segundo me
dormí, mi cuerpo estaba demasiado pesado, mis ojos se cerraron por si solos y
no pude salir del baño.
No habían pasado
más de quince minutos cuando alguien toco, no conteste, abrieron la puerta, era
el…
Desperté en la cama,
no había nadie junto a mí, estaba desorientada y el alcohol había dejado
secuelas, me dolía bastante mi cabeza, volví a sentir mi nariz y mis labios aún
estaban secos, tenía tanta sed, no podía
recordar cómo había llegado a la cama, no sabía qué hora era y me asustaba
darme cuenta que estaba sola, que él se habría ido de nuevo, así que me puse
los zapatos, organice un poco mi cabello y ropa. Salí del cuarto extraño en el
que estaba, pase por un pasillo que me llevo directo a la sala, allí estaba –
¡Que alivio, ahí está!... Dormido, es tan lindo. Sonrío al verle – llegue a
donde estaba, el sillón era un poco incómodo pero cabíamos los dos, me acosté a
su lado y puse su mano en mi cintura, quería sentirme cerca de él, me acurruque
y de nuevo quede profundamente dormida…
Pasaron algunas horas
y con ellas se fue el efecto embriagante de la luna, ya era de día. Aun dormida
empecé a soñar con él, estábamos aquí en este sillón, volteo mi rostro hacia
él, siento su respirar y mi cuerpo tiembla al sentirlo tan cerca de mí, empiezo
a suspirar un poco más fuerte, mi ojos se abrieron y ahí estaba – No era un
sueño- mis anclajes no pararon sus instintos, no sé qué acabo sucediendo y nuestra
incomoda postura se dilato en el tiempo, se acercaba más a mí, sus labios se
encontraron con los míos, me moría de ganas por tenerlo más cerca, pasaba mis
manos entre su cabello crespo y ajado, aun no me besaba, solo rosaba mis labios
– Quería morderlo, retorcerme entre sus yemas enganchadas a mis vértices, la
noche luna nos dejó su magia al irse y el amanecer nos disfrazó de piel y
sudor-.
El deseo infernal
carcomía mis entrañas, mis piernas habían cedido y mi entrepierna palpitaba.
Habían transcurrido algunos minutos en los que me había seducido completamente
y estaba dispuesta a todo, notaba que su respiración se había agitado,
suspiraba cada vez más fuerte y sus brazos rodeaban mi cintura para apretarme hacia
él.
Parecía saber que yo
lo deseaba tanto como el a mí, parecía
notar que yo estaba tan excitada y eso le encantaba, abrió sus ojos y me miro
por primera vez, roso de nuevo sus labios con los míos, me beso, creía que
nunca lo iba a hacer. -¡Lo hizo, me beso!-
El ambiente se empezó
a tornar más tenso y cálido, nos disponíamos a respirar después de ese beso que
nos hizo subir un poco más las ganas y el deseo de ser uno.
Empezó a acariciarme,
sus manos hacían magia, erizo cada centímetro de mi cuerpo, lo bese de nuevo
esta vez con más fuerza, mordía sus labios y mis manos rosaban su rostro
mientras que las suyas habían llegado con delicadeza a mis senos, los toco tan
suave que fui al cielo y volví en un segundo. Me levante y me quite el vestido
negro que llevaba puesto, el me observaba y eso me ponía más caliente. Vi su
rostro un poco pícaro por la situación y misterioso por el momento, por mi
cuerpo casi desnudo por completo, me acerque, le quite su camisa, tome un trago
de vino que había en la mesa y lo derrame sobre su pecho, le di un beso con
sabor a alcohol y fui bajando suavemente por su cuello, lamiendo, mordisqueando
y absorbiendo su embriagante piel.
Su pantalón ya no
estaba en su lugar y su entrepierna estaba en mis manos, lo hacía retorcer de
placer y su erección buscaba la mía.
Yo estaba tan
excitada que apenas podía respirar, ahora era el quien lamia y absorbía mi
piel, paso su lengua y sus labios por
mis pezones, los mordía haciéndome retorcer entre latidos y gemidos, su
lengua siguió descendiendo hasta mi entre pierna mojada, mis braguetas
desaparecieron y mi sostén se había ido, no puedo describir lo que sentí en ese
preciso instante, solo puedo decir que llegue al máximo de mi excitación y
quería que estuviera dentro de mí y poder llegar a ser uno y bajar al infierno
con nuestros más primitivos instintos y subir de nuevo al cielo y ver las
estrellas en toda su magnificencia.
Nos besamos de nuevo
y estábamos a un centímetro de ser dos gatos jugando a ser humanos en esta
habitación tan gris, estábamos a un centímetro y a un segundo de dejar de ser
nosotros, para ser vida en toda la vida.
- Entro en mí-.
Disfrute tanto sentir su erección abriendo paso por mis cavidades, mis carnes
estaban dispuestas a dejarlo entrar y salir cuantas veces quisiera, mis labios
y su lengua andaban en faena, mis uñas rasguñaban de placer infinito su
espalda, sus manos apretaban con más fuerza mis senos. El vaivén de su cuerpo
en mi cuerpo muriendo entre deseos, nuestra piel encajada en llamas hizo que la
respiración se agitara aún más, la tonalidad de nuestros gemidos, hacían una
sinfonía extravagante, música para demonios ardiendo en pasión y furia en ese
infierno llamado sexo, solos los dos en nuestro más perverso pecado, fundidos
en caricias, en besos.
Muriendo, reviviendo
en esa entrada y salida de su cuerpo en mi cuerpo, con tanto deseo, con tanta
pasión, con tantas ganas, estábamos mojados, el sudor de nuestra piel nos
incitaba a seguir, a venirnos, a llegar a ese orgasmo letal y tan lento, tan
psicodélico. Ese orgasmo que nos llevó a un delicioso clímax, el mejor
clímax…
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