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martes, 14 de octubre de 2014

Lo que queda

Hoy la confusión se apodero de mi cuerpo, el error me hizo caer en el abismo y ahora pierdo en la batalla de quien es más fuerte. Hoy mi cabeza se empeña en contagiarme de esa tal enfermedad llamada miedo. Quisiera por un momento sentirme en casa, no dejarte ir, no haberte perdido. Mis manos han contribuido a hundirme más y hacer que la luna se tinte de sangre esta noche. Mi corazón no pudo soportar ver llorar al sol y ahora es como un niño chiquito cuando le quitan su juguetico, se ha encogido un centímetro y la marca del lobo está a flor de piel y el drama, la malicia y el desasosiego hacen parte de su huida.  Quisiera limpiarme, lavar de mi las inseguridades, las faltas, las peleas,  los enojos, quisiera limpiar de mi esa desconfianza que sale por mis poros, si poder quisiera esconderla, sin poder si quiera amarrarla, ella sale sola, y hace de las suyas en los peores momentos, me convierte en una  locura insana  y un cinismo doloroso. Esta noche quisiera que olvidaras todas las cosas que dije sin sentido, las que calle, las que dije a medias y esas que impulsivamente salieron de mi boca como vomito. No puedo querer apartarte de mí, no puedo dejar de pensar en ti. Entender se hará difícil, la vida nos arrebata cada tanto, una de esas oportunidades de ser feliz, de querer, de amar y es ahí donde nos damos cuenta de lo absurdos que en ocasiones nos comportamos. Quizá yo sea una epifanía, una de esas cosas efímeras que pasaran por tu vida, una rara mujer de cabello largo que se enreda entre estrellas y la oscuridad de la noche, que vive de letras y se alimenta del humo aquel, una chiquilla asustadiza que se equivoca constantemente y no aprende. Hoy no estas y mañana te iras. Te espero dije un día y aquí estoy aún, esperando ese unicornio de color azul celeste

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