Lo que queda
Hoy la confusión se apodero
de mi cuerpo, el error me hizo caer en el abismo y ahora pierdo en la batalla
de quien es más fuerte. Hoy mi cabeza se empeña en contagiarme de esa tal
enfermedad llamada miedo. Quisiera por un momento sentirme en casa, no dejarte
ir, no haberte perdido. Mis manos han contribuido a hundirme más y hacer que la
luna se tinte de sangre esta noche. Mi corazón no pudo soportar ver llorar al
sol y ahora es como un niño chiquito cuando le quitan su juguetico, se ha
encogido un centímetro y la marca del lobo está a flor de piel y el drama, la
malicia y el desasosiego hacen parte de su huida. Quisiera limpiarme, lavar de mi las
inseguridades, las faltas, las peleas,
los enojos, quisiera limpiar de mi esa desconfianza que sale por mis
poros, si poder quisiera esconderla, sin poder si quiera amarrarla, ella sale
sola, y hace de las suyas en los peores momentos, me convierte en una locura insana
y un cinismo doloroso. Esta noche quisiera que olvidaras todas las cosas
que dije sin sentido, las que calle, las que dije a medias y esas que
impulsivamente salieron de mi boca como vomito. No puedo querer apartarte de
mí, no puedo dejar de pensar en ti. Entender se hará difícil, la vida nos
arrebata cada tanto, una de esas oportunidades de ser feliz, de querer, de amar
y es ahí donde nos damos cuenta de lo absurdos que en ocasiones nos
comportamos. Quizá yo sea una epifanía, una de esas cosas efímeras que pasaran
por tu vida, una rara mujer de cabello largo que se enreda entre estrellas y la
oscuridad de la noche, que vive de letras y se alimenta del humo aquel, una
chiquilla asustadiza que se equivoca constantemente y no aprende. Hoy no estas
y mañana te iras. Te espero dije un día y aquí estoy aún, esperando ese
unicornio de color azul celeste
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