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domingo, 8 de junio de 2014

                                                                     Cuéntale
Cuéntale de aquella fugaz noche de derroche y embrolle, de aquellos encuentros repetidos entre nuestros ojos, de las peleas que empezaron y nunca acabaron. Dile que desperté en ti lo que ella dejo morir, cuéntale que quizá fue la esencia de mi piel la que te dejo embelesado, o del misterio de mí ser que se esconde tras estos colmillos a media noche, de  esa extraña atracción que nos tiene atados a  los dos. Cuéntale que tratamos de alejarnos pero que somos como la miel, pegajosos,  enmelados, que la razón en nosotros nunca existió y que ya no tienes más excusas para enmendar este error. Dile que el lado oscuro que cargo te atrae y te tiene completamente loco,  que en tu mente ahora solo hay espacio para  desear una siguiente noche a mi lado, que soy más que una adicción, soy  tu debilidad. Cuéntale que este juego se ha convertido en  una necesidad  de nuestros labios, de nuestras manos. Dile que tú me quieres ver, que quisieras hablarme al odio cada segundo que pasa. Y si le dices de nuestros encuentros con café y cigarro que compartimos siempre, deberías decirle de aquellas conversaciones un tanto absurdas y sin sentido que tenemos continuamente. Cuéntale que mis besos son tu perdición y mis caricias tu bendición. Dile del extraño miedo a dejarme volar, de ese mal apego que sientes hacia lo físico y lo externo de mí. Y si solo le dices que fue culpa de los dos esta traición, que tuvimos mil motivos y que pagaremos el precio de esta  falta. Cuéntale que bailando nos conocimos, de la música que compartimos los dos, de esas exquisitas canciones que nos hacen  caer al infierno y subir al cielo en  orgasmos auditivos y delirantes. Dile de lo frustrantes que nos comportamos a veces, de las tediosas preguntas que te hago y  de la cajita de sorpresas que siempre guardo para ti, cuéntale que soy una gruñona- cansona. Dile que me extrañas, que no aun no sabes lidiar con esta mujer tan argumentativa, tan paradójica y extraña.  Cuéntale que siempre estás en  constante problema conmigo y que solo quisieras abrazarme y reír de lo tontos que nos vemos peleando, dile que me he convertido en tu escape matutino.  Y si le dices que quisieras ser mío y no de ella.  Y que aunque vuelvas a ella destrozado, acabado y arrastrándote por el piso, en tu mente siempre habrá el recuerdo de aquella extraña sonrisa, de aquellos dientes enterrados al amanecer, siempre recordaras mis miradas, mi boca, mi aliento y el perfume de mi piel que te hace correr hacia mí y sin poderlo manejar, sin siquiera saber entender, a mi ser regresaras. Dile que soy la única que te ha acercado a dios, no le mientas más.


sábado, 7 de junio de 2014

Luna
No puedo decir que ella sea mía, porque es de todos, es incluso la luna más zorra que he conocido, seduce a quien pueda mirarla. No puedo decir que a nadie se la he regalado, es quizá el regalo más popular entre enamorados, entre cursilerías que se dicen cuando se está atontado, incluso no podría decir que no me atrae, porque inmerso esta en mi ciclo, aquella extraña anomalía que me hace mirarla todos los días. No podría dejar de decir que la odio cuando se burla de mí, cuando hace que mis huesos gruñan y mi existencia se consuma,  cuando se deja amar por cuanta tediosa y fastidiosa diosa, cuando hace caso omiso de mis versos y canciones, cuando sale a medias y me desespera. No puedo competir, ella lo tiene  y la tiene. Como se revuelcan mis entrañas de solo pensar en eso, en sus sucias manos queriendo y amando lo que un día fue mío, como estas nauseas me hacen querer vomitar su cara de… ¡maldita sea! No puedo decir que  sea mía, es de ella, de él, de nosotros. 
Lacayos


Se me ha roto la cabeza, el tornillo que quedaba se perdió y ahora estoy hueca, desorientada, vivo del mundo o en otro mundo, quizá. No sé qué hice,  ni que hago para que estés ahí, no soy para ti, soy demasiado mala, demasiado  extraña, pero aun estas, aun esperas que te quiera, aun me anhelas. Estoy perdida y esta intriga me fatiga, me hostiga tu estupidez, misterioso y egoísta ser. Estoy llena de sed, de besarte, de sentirte, de pelearte, de gruñirte y escupirte. Escapemos, ven conmigo al infierno, juguemos esté prohibido juego,  amémonos a escondidas de la reina, seamos unos miserables lacayos con un  maldito amor indebido. Ven, para reír de lo tontos que nos vemos juntos, para  fumarnos, bebernos, consumirnos. Seamos más que química una reacción;  un contraste de físico con física, dos cuerpos atraídos  extrañamente por el universo, una revoltura de miradas perdidas,  unos polos locos, desquiciados, moribundos. Vivamos de la música; de las melodías de la noche y del día, vivamos de esto y de aquello, entre basura, entre sudor y lágrimas, compartiendo ridículos títulos de libros. Leámonos a escondidas los labios, en aquel incomodo arbusto te espero. Veamos la luna, tirémosle piedras quizá así, venga por nosotros. Vamos, ven vuela conmigo, te llevare al mejor viaje de tu vida por estas nalgas frías, por estas piernas dolidas, por esta cabeza insatisfecha, por estos ojos con ilusión de ti, por esta alma que ha de revivir si estás ahí. Eres mío, eso es lo que digo, tu alma está condenada, ha de someterse a ratos de tortura, a macabros y exquisitos momentos a mi lado pero  dicen que  estás muerto, esas malas lenguas me susurran al oído  que no respiras pero yo te siento, te cómo, te aprieto. Eso no lo entiendo, deberías despertar  para hablar, deberías tocarme como yo te toco, deberías estar tan caliente como yo. Despierta aún están aquí, dicen que te mate, diles que es mentira que mi tornillo está en tu bolsillo y que el roto que tengo en la cabeza no es más que un rasguño, fue un accidente. Oye - despierta, despierta, despierta- te puse algo de rubor, tus mejillas estaban demasiado pálidas y tus manos estaban moradas. No te enojes, solo despierta, quiero despedirme, ya me voy… 

viernes, 25 de abril de 2014

                                                 Miedo

No le tengo miedo a él, ni a mí, ni a ustedes, solo que no me explico el temblor, ni el sudor, ni mi confusión, ni estas malditas lágrimas. La oscuridad no me da miedo, pero no me explico porque corro, porque prendo velas, porque siempre termino en sus brazos. Solo no sé cómo demonios mirar estrellas, ni entender a la luna, ni entenderme a misma. No le tengo miedo a la lujuria, me ha atrapado y ahora no escucho ni mi voz. No le tengo miedo al odio aunque, solo sé que el enojo se hincha en mis entrañas  y cada vez lo aborrezco más, es algo inevitable, algo irreparable, algo irremplazable. No le tengo miedo a esos ojos que están llenos de heridas antiguas y un deseo incontrolable por mis labios, no le temo a su amor, ni a su fastidiosa ternura, no le temo a sus caricias que vagan por mi cuerpo, no le temo a su capa protectora de rudezas, ni a su cuerda locura, ni a sus trastornos mentales. Si tan solo pudiera no temerle al mundo a su mundo a nuestro mundo, estaríamos aquí sentados atrapando grillos y tomando café, estaríamos existiendo, sintiendo, muriendo juntos. 

sábado, 19 de abril de 2014

 ¡Y que!

Y que si sigo rota, sucia y maloliente. Vomitar ahora no me haría mal, expulsaría de mi ese revoltoso pensamiento y sentimiento. Y que si sigo loca, tonta y desarreglada.  Salir corriendo estaría genial, dejaría todo y a todos seguiría esta vida un tanto egoísta, un tanto absurda, un tanto más perdida. Y que si aún quiero estar en su infierno, en ese mar de idioteces que son sus palabras. Y que si sigo desajustada, desequilibrada. A quien le importa, a mí no me importa. Y que si sigo aquí sentada, odiada y extrañada, encerrada. Y que si solo escribo y exorcizo demonios con alcohol  y espanto brujas con el humo. Y que si sigo marcada, aruñada, maltratada, inmersa en recuerdos de esa puta presencia tan ausente. Y qué si no consigo escribir bien, ni hablar bien, ni expresarme bien, ni sentirme bien. Y que si solo soy lo que soy, que es más  como la nada, es más, no sé quién soy. Y que si no se lo que quiero, ni para donde voy, ni quiénes son. Y que si solo duermo, como y fumo, bebo y enveneno con mi veneno. Y que si soy cruel, una desgraciada inadaptada. Y que si no consigo encajar, ni socializar. Y que si soy solo odio, rabia y frustración. Y que si no termino esto, ni aquello. Y que si tengo nauseas, mareos y sudor en los dedos, me enferma la gente idiota, más o menos, un tanto o quizá más parecidas a mí que a ellas. Y  que si vivo estando muerta. Y que si sigo así de incoherente. Y que.   


martes, 18 de marzo de 2014

CONDENADA

La noche es mi amiga y enemiga, es ese animal que alimentare hasta el final de los tiempos”

En una noche tan melancólica, sola con la compañía de una taza de café fría, tal vez la única compañía que hay en la habitación llena de cenizas de esta alma mía, ardiendo en llamas, caída en soledad.

Se me hace difícil pensar, sola voy con mi pena, quiero huir a una confortable vida de nuevo, robar un cuerpo esta noche y volver a sentir, me he cansado de estar aquí y quiero limpiar lo negro que hay dentro de mí...

No hay vida en el infierno, solo hay almas rotas y olvidadas en el tiempo, solo hay acertijos crueles del destino y juegos macabros con cuerpos, lo único que hay, está lleno de convocas, ardiendo, hecho pedazos, hecho cenizas.

El alma condenada apenas si tiene suerte de volver a sentir con los sentidos que son únicamente humanos, es la elegida, esa alma puede volver…

¡Quiero volver!


I

Camino por esta selva de cemento y el viento mueve mi cabello ajado y viejo, cierro los ojos y visualizo a mi próxima víctima, dándole tiempo al tiempo mi cuerpo se impacienta.

Paso por el parque principal de este maligno lugar  y lo encuentro a unos tres metros de mí, huele tan bien, mis venas se agitan y ese algo golpea mi pecho apeteciendo sangre.

Solo vivo cuando mis colmillos se humedecen de la placentera sangre de cualquier soso humano y mis entrañas consumen el existir y matan por pasión solo asi, vuelvo a penar justo cuando me llevo a las tinieblas ese nauseabundo cuerpo.

Lo miro y él se siente intrigado, me quito el abrigo negro que llevo puesto y dejo que la luna de luz a mi vestido rojo, reflejando en mis labios la seducción de una mujer en selo, pasando mi mano por mi cabello negro y luego por mi cuello, sin dejar de mirarlo ni un segundo a los ojos.
Cede su mirada y voltea el rostro hacia otro lado, mis inhumanos encantos no lo encantaron y me doy cuenta que estoy tan muerta, de nuevo mi abrigo negro esta puesto en mi cuerpo.

Me dejo llevar y el demonio que hay dentro de mí se aquieta, mi instinto asesino se ha aletargado y soy yo la que se siente embelesada hacia él, sigo caminando hipnotizada, ya no hiedo su aroma, él es quien huele de mí la esencia, y comienzo a confundirme.

Aún está ahí sentado, sigo en mi ensueño regresando a sus ojos y avanzando lánguidamente a él, me advierto de inmediato que es el quien me busca a mí, en una especie de pensamiento compartido entre condenados, de quienes estamos coexistiendo en este mundo estando ya muertos, absorbiendo la naturaleza de quienes quieren ir al cielo.

Quise correr y me detuvo, en una fracción de segundo esos tres metros que nos apartaban ahora eran  solo tres centímetros el uno del otro, quede suspendida, pensaba que era la única que había sobrevivido en este pueblo, después de que calcinaran a mi familia, creía que después del exterminio de vampiros a los que este malévolo pueblo ofrendo a ese dios del que tanto hablan para que perdonase sus pecados, pensé que era la única, que no había nadie más como yo, pero ahí estaba el, fue a él a quien mi intuición encontró.
- Él es mi  destino-

Sus ojos no dejaban de mirar los míos, quizá entre el caos que me invadía,  no me di cuenta de que él también estaba tan estupefacto como yo, no podía moverme y mis piernas templaban al igual que las  dé el, estábamos atónitos, aturdidos, el estruendo en nuestras cabezas hizo que no pudiéramos modular ni una sola palabra, solo estábamos allí parados.

Era tan guapo, tenía cabello largo un poco más abajo de sus hombros, ondulado y tan brillante como la noche misma, sus ojos  eran completamente verdes y hacían contraste con su piel morena y su abundante barba. Una parte de mi decía -¡CORRE, NO PUEDE SER BUENO ESTE SER, CORRE!- pero mi demonio, decía- ¡QUEDATE, BESALO Y LUEGO MATALO!

Estaba tan confundida, mi cuerpo demandaba algo de alimento y mi alma exigía compañía. La vida en la penumbra no es fácil, aparte  de importunada es solitaria, es contradictoria, no quiero estar más así, mi cuerpo puede esperar, pero mi alma, mi alma resiste esta perdición solo por volverlo a ver.

Mientras mi cabeza revoloteaba y batallaba con todo esto, el huyó en un instante y en el segundo siguiente de mí solo quedo un rastro de polvo. También huí…
Esa noche ha estado en mi mente durante bastante tiempo, repaso cada acontecimiento, cada pulsación, cada suspiro que profesé al verlo, el me hizo sentir viva y no sé cuál sea su nombre, es una  ironía. – Lo sé -

El tiempo no parece correr, he estado aquí asentada, bebiendo y fumando, envenenando lo que queda de mi ser, dejando de lado lo que era y hasta lo que soy ahora, esta condena me ha aferrado haciéndome pagar con lamentos y lágrimas secas que de mi cuerpo ya no brotan, las almas que transporte al infierno.

No sé si fue amor a primera vista, nunca me he flagelado por tal cosa, para los humanos es su máxima expresión de devoción,  para ellos el amor es algo omnipotente, una señal celestial que al parecer viene de ese dios.

Acepte mi condena, demonios como nosotros no podemos sentir amor, quizá esa sea nuestra reprensión, el amor no se atañe a criaturas sombrías como nosotros. Trato de convencerme que fue solo ese instinto primitivo de asesinar lo que me atrajo tanto a él. Pero me agrado, su semblante no se ha aislado de mí ni un instante, su aroma aún está presente y rebusco sus ojos constantemente en el montón.

Después de tanto tiempo todavía lo tengo clavado en mi pecho no sé si tenga corazón y si lo tengo él está ahí, él es el amo, para siempre será quien me haga sentir viva, aunque solo lo haya visto una sola vez en toda mi existencia, puedo recordarlo con solo mirar un oasis, con solo ver la luna, recuerdo su esencia solo con sentir el viento en mi rostro, es algo considerablemente excepcional, no sé qué me paso, no sé qué ocurrió aquella noche pero he quedado enajenada, estoy bajo un hechizo y no sé si podre tolerarlo  un día más.

No lograría estar más muerta de lo que ya estoy, mi cuerpo son solo huesos, me alimento de ratas, de perros y quizá algún humano descuidado, el sabor de la sangre ya mis papilas no lo degusta, estoy tan asediada y añeja.
Quizá en la próxima vida lo pueda volver a ver, quizá el me extrañe tanto como yo a él, posiblemente este allí afuera buscándome entre vestidos rojos y cabellos negros, quizá todavía este tan muerto como yo y quiera volver a mí.

Hoy mi existir solo estriba en sus ojos, de ambicionar ese día, ese relámpago en el que nuestras penas junten cadenas y hereden de nuevo las tinieblas, para hallarnos en  tormentosos escarmientos, para construir una pared de espíritus coleccionados, para justificar nuestra oscuridad con besos, para  renacer en lisonjas y acompañarnos inmortalmente por los siglos de los siglos, eligiendo  entre cuernos nuestro alimento.

Ahora es esa mi ambición, hallarlo entre escombros de este universo siniestro,  donde durante años hemos perdurado como locos endemoniados, exterminando, impregnados de sangre caritativa resultante de humanos tontos y creyentes. -Quiero encontrarlo- mi existir y subsistir depende del cuerpo a quien mi alma prefirió para ser verdad entre tanta inmundicia celada, entre tanta farsa ocultada y entre tanto aislamiento insatisfecho.



II

MEMORIAS

Estaba sentada en ese indolente tronco, era una noche verdaderamente encantadora, con luna llena. Desde que era una niña siempre me atrajo la oscuridad y el aislamiento, me encantaba poder admirar esos pequeños puntos en el firmamento, su brillo realmente embelesaba mi mente, imaginaba como sería una vida fuera de este mundo, allá arriba, alejada de lo terrestre y en el universo la luna seria mi hogar. Mi ser no era igual al de los demás, no era igual a ellos, pensaba que era una especie totalmente diferente a los humanos. -Solo son locuras- 

Decía mi madre al verme. Pero al cumplir mi dieciochoavo cumpleaños todo iba a cambiar para siempre.
-Mi niña ha crecido, se ha convertido en mujer- decía ella orgullosa. Todo lo que hacía era en contra de mi voluntad,  siempre quiso que fuese  una de esas beatas disfrazadas con túnicas y con algo que cubriera sus cabellos, aborreciendo la vanidad y dejando de lado el sentido primitivo el que nos hace sentir vivos, ese sentido maldito y pecaminoso según Dios. Yo no creía en esas absurdas revelaciones, ni en esos cuentos que en la biblia había y alguien predicaba con tanta  estúpida devoción, no creía en esa macabra iglesia, que podía matar, asesinar a esas pobres mujeres de antaño que su único pecado era ser hermosas, las quemaban en la hoguera. -“Son brujas”- decían y nos obligaban a mirar como su cuerpo en llamas se iba al infierno, ese divino cuerpo, ese celestial pecado quedaba hecho  cenizas.

A esa misma iglesia mi madre idolatraba y obligaba a su única hija a ir, tenía miedo que mis escapadas al bosque en las noches pudieran convertirme en una bruja, sabiendo que era algo mucho peor que una simple hechicera.

Una de esas noches, en vísperas de mi cumpleaños, salí como de costumbre al bosque, caminaba unos quince minutos y llegaba  a mi paraíso, a mi soledad, a mi oscuridad, llevaba unas cuantas velas, mi guitarra y mi cuaderno, llevaba siempre conmigo unos cuantos cigarros que me alejaban de la realidad temporalmente y hacían de mi realidad un universo paralelo.

No tenía amigas, todas las que conocía me rechazaban, siempre fui la rara del convento, la
“mata gatos”, “la bruja”, era el “demonio” encarnado como la hermana Bertha decía, la institutriz del claustro al que mi madre me obliga a ir desde que tenía  tres años, era quizá la única a la que ser monja le aborrecía, yo no quería ser una de esas tontas reprimidas, mi destino era algo totalmente contrario a lo que dios deseaba para mí y para la suerte mía ese era el último año allí encerrada, por fin iba a ser libre.


Faltaban solo dos días para mi destino, para mi cumpleaños dieciocho  y estaba de nuevo allí sentada, disfrutando de mi insania y aislamiento, mi alma agradecía el escape nocturno acostumbrado, estaba de nuevo en el bosque allí la naturaleza decía que atañía, pasando el rato entre resonancias del viento y mi guitarra, me dispuse a  volver, la luna prestaba su luz mientras caminaba a casa, no disponía de mucho tiempo pues ya era media noche y a mi madre no le iba a gustar mi tardanza, corrí por algunos minutos y al llegar el portal de la entrada estaba abierto de par en par, esa noche el viento estaba aplacado, las corrientes luneras no habían llegado así que me pareció demasiado extraño, tuve que detenerme, mi corazón estaba acelerado y mi respiración entre cortada, mis piernas cedieron y caí, reí al ver que temblaban, tenía un estado físico un tanto atrofiado y discorde, aun en mi eufórico descanso escuche una voz que venía de la casa, las luces del salón principal estaban prendidas, era muy sospechoso y empecé a confundirme y tras mi confusión llego el miedo ya mi temblor no era por el calor y agitación de mi sangre sino por el frio y el escalofrió que ahora sentía, no era algo lúcido, mi madre no le abre a un desconocido y mucho menos a media noche, de lejos mi visión era borrosa, decidí acercarme a la ventana sin hacer ningún tipo de ruido, sin tocar esas hojas cecas, sin respirar fuerte aunque mi cuerpo lo necesitase tenía que aguantar para darme cuenta de lo que estaba por pasar, aguarde allí asomada mirando que era lo que mi madre tanto hablaba, se notaba muy alterada y  hasta estaba llorando, mi confusión se hizo más fuerte y sentí pánico, el hombre a quien mi madre  parecía suplicarle era tenebroso, bastante alto para ser normal, tenía la piel tan blanca que por un momento creí ver a un fantasma, llevaba puesto una vestidura absolutamente negra, su rostro aun no veía y esto me provoco más curiosidad, mientras pensaba quien pudiera ser ese señor, no pude darme cuenta que él ya estaba mirándome, que él ya sabía de mi presencia y que venía directo a mí, de un salto me separe de la ventana, la impresión que había causado en mí su mirada me dejo atónita resbale y quede suspendida en el suelo, en un momento ese ser tan extraño y malhumorado se acercaba a donde yo yacía, la caída me había dejado desorbitada y mareada, no podía poner mis ideas en orden ni mucho menos modular si quiera una palabra, no pude gritar, el pánico había hecho de las suyas y ya no podía ni respirar, mi corazón se quería salir de mi pecho, él se acercaba más y yo aún estaba tirada en el mismo lugar en el que había resbalado, empecé a arrastrarme por el fango ensuciando ese vestido azul que a mi madre encantaba, mis recodos estaban totalmente nublados y quería morir y para cuando el dio su último paso hacia mi, yo ya había desmayado.

viernes, 14 de marzo de 2014

NOCHE LUNA

¡Un recuento de aquella mágica noche!

-¿Cómo puedo describir lo que sentí ese día?-

Habíamos bebido algunas copas de un viejo vino que tenía hacía varios años en la nevera, como era una “ocasión especial” a meritaba des-taparlo. - Al menos eso me dijo al oído mientras me tomaba de la mano, no sabiendo que mi cuerpo se retorcía al son de sentir su aliento tan cerca de mí- . Ya era más de media noche, aspirábamos de ese polvo mágico que adormecía  nuestras cavidades nasales y manipulaba nuestra razón. - Pensaba que quizá esa noche, solo por esa noche íbamos a estar completamente sobrios, pero con él nunca se sabe que esperar. ¡Es tan impredecible!… Esta luna iba a  ser completamente diferente a las anteriores, algo dentro de mí lo sabía –

Mi cabeza revoloteaba por toda la habitación, mis ojos estaban cerrados y mis labios secos, quería  más vino y como pude me levante del sillón, tome una copa y fui directo al baño, al entrar de inmediato el espejo me revelo el estado en el que me encontraba, mis ojos estaban rojos como si fueran a explotar en un segundo, con el maquillaje corrido que me hacía ver como un mapache callejero y maltrecho, mi nariz adormecida y rojiza, mis labios estaban tarjados, no podía pensar, él estaba en mi cabeza, solo pensaba en él, en su aroma, en sus manos, en su cuerpo, en su sonrisa tan picara e inocente al mismo tiempo, en su pelo crespo y tan loco como el mismo, en su barba que hacia un contraste bastante interesante con sus labios, empecé de inmediato a sudar, deje la copa de vino y tome un vaso de agua, lave mi rostro y retoque un poco el maquillaje, me senté al lado del retrete y en una fracción de segundo me dormí, mi cuerpo estaba demasiado pesado, mis ojos se cerraron por si solos y no pude salir del  baño. 
No habían pasado más de quince minutos cuando alguien toco, no conteste, abrieron la puerta, era el…

Desperté en la cama, no había nadie junto a mí, estaba desorientada y el alcohol había dejado secuelas, me dolía bastante mi cabeza, volví a sentir mi nariz y mis labios aún estaban secos, tenía tanta  sed, no podía recordar cómo había llegado a la cama, no sabía qué hora era y me asustaba darme cuenta que estaba sola, que él se habría ido de nuevo, así que me puse los zapatos, organice un poco mi cabello y ropa. Salí del cuarto extraño en el que estaba, pase por un pasillo que me llevo directo a la sala, allí estaba – ¡Que alivio, ahí está!... Dormido, es tan lindo. Sonrío al verle – llegue a donde estaba, el sillón era un poco incómodo pero cabíamos los dos, me acosté a su lado y puse su mano en mi cintura, quería sentirme cerca de él, me acurruque y de nuevo quede profundamente dormida…

Pasaron algunas horas y con ellas se fue el efecto embriagante de la luna, ya era de día. Aun dormida empecé a soñar con él, estábamos aquí en este sillón, volteo mi rostro hacia él, siento su respirar y mi cuerpo tiembla al sentirlo tan cerca de mí, empiezo a suspirar un poco más fuerte, mi ojos se abrieron y ahí estaba – No era un sueño- mis anclajes no pararon sus instintos, no sé qué acabo sucediendo y nuestra incomoda postura se dilato en el tiempo, se acercaba más a mí, sus labios se encontraron con los míos, me moría de ganas por tenerlo más cerca, pasaba mis manos entre su cabello crespo y ajado, aun no me besaba, solo rosaba mis labios – Quería morderlo, retorcerme entre sus yemas enganchadas a mis vértices, la noche luna nos dejó su magia al irse y el amanecer nos disfrazó de piel y sudor-.

El deseo infernal carcomía mis entrañas, mis piernas habían cedido y mi entrepierna palpitaba. Habían transcurrido algunos minutos en los que me había seducido completamente y estaba dispuesta a todo, notaba que su respiración se había agitado, suspiraba cada vez más fuerte y sus brazos rodeaban mi cintura para apretarme hacia él.
Parecía saber que yo lo deseaba  tanto como el a mí, parecía notar que yo estaba tan excitada y eso le encantaba, abrió sus ojos y me miro por primera vez, roso de nuevo sus labios con los míos, me beso, creía que nunca lo iba a hacer. -¡Lo hizo, me beso!-

El ambiente se empezó a tornar más tenso y cálido, nos disponíamos a respirar después de ese beso que nos hizo subir un poco más las ganas y el deseo de ser uno.  

Empezó a acariciarme, sus manos hacían magia, erizo cada centímetro de mi cuerpo, lo bese de nuevo esta vez con más fuerza, mordía sus labios y mis manos rosaban su rostro mientras que las suyas habían llegado con delicadeza a mis senos, los toco tan suave que fui al cielo y volví en un segundo. Me levante y me quite el vestido negro que llevaba puesto, el me observaba y eso me ponía más caliente. Vi su rostro un poco pícaro por la situación y misterioso por el momento, por mi cuerpo casi desnudo por completo, me acerque, le quite su camisa, tome un trago de vino que había en la mesa y lo derrame sobre su pecho, le di un beso con sabor a alcohol y fui bajando suavemente por su cuello, lamiendo, mordisqueando y absorbiendo su embriagante piel.
Su pantalón ya no estaba en su lugar y su entrepierna estaba en mis manos, lo hacía retorcer de placer y su erección buscaba la mía. 

Yo estaba tan excitada que apenas podía respirar, ahora era el quien lamia y absorbía mi piel, paso su lengua y sus labios por  mis pezones, los mordía haciéndome retorcer entre latidos y gemidos, su lengua siguió descendiendo hasta mi entre pierna mojada, mis braguetas desaparecieron y mi sostén se había ido, no puedo describir lo que sentí en ese preciso instante, solo puedo decir que llegue al máximo de mi excitación y quería que estuviera dentro de mí y poder llegar a ser uno y bajar al infierno con nuestros más primitivos instintos y subir de nuevo al cielo y ver las estrellas en toda su magnificencia.

Nos besamos de nuevo y estábamos a un centímetro de ser dos gatos jugando a ser humanos en esta habitación tan gris, estábamos a un centímetro y a un segundo de dejar de ser nosotros, para ser vida en toda la vida.

- Entro en mí-. Disfrute tanto sentir su erección abriendo paso por mis cavidades, mis carnes estaban dispuestas a dejarlo entrar y salir cuantas veces quisiera, mis labios y su lengua andaban en faena, mis uñas rasguñaban de placer infinito su espalda, sus manos apretaban con más fuerza mis senos. El vaivén de su cuerpo en mi cuerpo muriendo entre deseos, nuestra piel encajada en llamas hizo que la respiración se agitara aún más, la tonalidad de nuestros gemidos, hacían una sinfonía extravagante, música para demonios ardiendo en pasión y furia en ese infierno llamado sexo, solos los dos en nuestro más perverso pecado, fundidos en caricias, en besos.


Muriendo, reviviendo en esa entrada y salida de su cuerpo en mi cuerpo, con tanto deseo, con tanta pasión, con tantas ganas, estábamos mojados, el sudor de nuestra piel nos incitaba a seguir, a venirnos, a llegar a ese orgasmo letal y tan lento, tan psicodélico. Ese orgasmo que nos llevó a un delicioso clímax, el mejor clímax…