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domingo, 27 de diciembre de 2015

Era amor

Incluso, cuando observe de nuevo sus entrañas esparcidas por todo el lugar suspire, habían pedacitos de su  piel, su pelo, su ropa contra la pared; en el piso, en la cama, en el baño, en mi… No me gusto ver  sus ojos salir de orbita  y que  me miraran tan fijamente mientras lo ahorcaban mis manos; le asfixiaba la vida pero sin matarlo, quise dejarlo atontado, consciente de mi siguiente paso. Incluso en sus sucesivos últimos respiros, quiso hablar pero su lengua ya estaba en una caja debajo de mi cama. No me  gusto haberle explotado la cabeza con el martillo, porque  su cabello comenzaba a desprenderse con cada golpe y por sus puntas chorreaba lo que al parecer eran sus sesos. ¡Era de película! Y no podía creer, que de un ser humano pudiera salir tanta basura inservible, tuve que contener mi risa; aquel momento era sagrado y no era apropiado  darme el  lujo de arruinarlo. Por cada martillazo en la sien salían chorros de sangre que me bañaban, que se deslizaban desde mi boca hasta mi vientre y pensaba en sus labios caídos y fríos contagiándome de  oscuridad  y  la maldad tomaba más fuerza en mí;  queriendo y aun  deseando  saborear cada gota de su sangre, aunque su sabor era a  hierro, sabía a metal, sabía realmente mal. No me gusto abrirle el estómago con el cuchillo, aunque suene divertido, no me gusto ver  sus tripas y sus intestinos además de sus heces fecales esparcidas por mis manos; contuve el vómito y contuve las ganas de comerlo crudo,  era de esas sensaciones gelatinosas que se sienten en el momento menos esperado. Incluso sintiendo su sangre en mi cara, manos y vestido, no deje de verle atractivo… No me gusto  ver como sus dientes caían al suelo, cada vez que el alicate hacia el chasquido me daba escalofrió y una especie de excitación me corría pierna arriba, comencé a temblar de emoción y la lujuria atravesó mi cabeza como un rayo  inesperado, tuve que armarme de valor para recogerlos y ponerlos  en el regadero. Incluso cuando estaba a punto de emanar ese escondido suspiro, sentí una punzada de angustia, pues de su boca solo salía rebotes de sangre e intentaba descifrar sus bocanadas y  creo que quería decir que me amaba… Fue excitante, casi al punto del éxtasis, probar su carne, luego de haber preferido cortarlo en pedacitos y untarlos en mi cuerpo mientras metía su pene ya muerto en mis adentros, para sentir por ultima y única vez ese sabor a amor
Hubiera 


Hubiera querido sentirme mal por haberle arrancado el cerebro pero en realidad el aburrimiento me abatía;  envió mi cuerpo directo a  cometer el  crimen perfecto. Desee con todas mis fuerzas llorar pero de mi boca solo salían risotadas dignas de una perra bruja. Quería sentir el sabor del dolor, pero solo cale sus entrañas con mayor deseo y devoción. No hice caso y las malas noticias se hicieron evidentes a medida que él iba cayendo al suelo apoyado en sus rodillas y gritando piedad; solo se escuchaban gritos y sollozos suplicantes  de compasión humana.

viernes, 30 de enero de 2015

Libre


Me libere de sus cadenas, de sus procelosos  besos inventados,  de esos abrazos improvisados en la calle, de aquellas malas caricias con malicia, de esa condena que me tiene atada a un efímero ser oscuro.  Volveré a mi revolcado cuarto, lleno de cartas desechadas que nunca entregue y con olor a cigarro y un poco a formol y vino combinados en un aroma a dolor y soledad. Seré libre dentro de estas cuatro paredes hechas para llorar y exorcizar demonios que nunca se van, paralizada, casi inmóvil me convierto en un muerto sin entender si quiera lo que digo, siendo  compadecida, rehuyó de mi misma. Me invente mil maneras de perder la cabeza y explorar cuerpos ahumados y toqueteados por todas. Aprehendí  a despedirme mecánicamente, a irme, a dejar, a huir calladamente y con la ropa en su lugar. Me dedique a perder el tiempo dándole alas, haciendo muecas de felicidad temporal y  me rehusó a perderle el gusto a su falta de respeto y su falta de confianza, su falta de pecado. Sin arrepentimientos me despido porque no eres verdad, no eres cierto, no eres real.  Aquella vela azul que le da un toque sombrío y alentador al día de hoy prendida ya está, su llama arde sacando a esos espíritus negros y le abre paso a la sanación. Acumulare recuerdos en ese baúl viejo y lleno de esencias y almas perdidas en letras y desilusión, lleno de olores y sabores de caprichosos amores. Me liberare, dejare que ese calor de su cuerpo en mi cuerpo se enfrié, se hiele, se congele, se cristalice como el sueño que degenera y anhela una caricia más. La idealización se rompió y la angustia nunca amo a ese mendigo. 

martes, 14 de octubre de 2014

Quiero


Ven, folla mis oídos, mis labios mis manos. Quiero un hombre sin complejos y que me deje morderle las tetillas, los tobillos y los nudillos, que me deje faltarle al respeto profanándole la mente y endemoniarle el espíritu. Un hombre con quien pueda comer, dormir, beber y  perdernos en el humo del humo aquel.  Ese al que le pueda gritar en la cama y consentir en el sofá,  a quien pueda llevar al paraíso del infierno con un orgasmo provocado por mi sofocante sonrisa y  delirante abrazo. Uno a quien poder joder en la noche y dejarlo soñar en el día, con quien caminar calle arriba y calle abajo. Quiero un hombre que se deje matar y me mate de cualquier forma, quien llene mis vacíos y me haga olvidar estúpidos rencores de antiguos amores. A quien decirle gordo, feo y afeminado, con quien burlarme de esos otros tontos enamorados; quiero poder decirle a ese hombre al oído que esta frio y me enfrió; con quien poder cruzar miradas de picardía y complicidad al ver pasar eso que nos hace volar. Quiero un hombre bastante malo, que me haga cosquillas y haga crujir mis huesos, que me torture con su divina  y extensa presencia, quien me abrigue cuando tenga frio y me bese cuando tenga calor, que erice mi piel con su voz y me despierte con su corazón. Quiero un monstruo sexy y muy cursi, un monstruo verde y cuentacuentos  tan cuentacuentos como yo. 
Hechizo


Creo que he conseguido tener cierto poder sobre su mente, sobre su cuerpo y un aliciente placer al sentir su alma rendida a mis pies. Prendo aquella vela negra y atisbo a su fuego que me da señales de proseguir con el hechizo, de continuar con aquella velada oscura, deslumbrante y peligrosa. Iniciando el ritual con besos manchados de ansiedad y penumbra, consagrando con blasfemias el encuentro tortuoso entre nuestros ojos y dirigiendo cánticos desgarradores a la oscuridad seguimos adentrándonos a lo infernal, a lo banal y carnal. Se ofrece a mí ese pobre humano sin antelaciones, embelesado por la tentadora tiranía de la muerte, se postra ante mí ofreciéndome su aliento, dándome el inmenso poderío de destruirlo y acabarlo con una caricia, se desliza ante mí esa humanidad tan bellamente imperfecta, tan ensordecedora y atrayente. La apuesta se eleva cuando tan fácilmente pierde sus estribos y no le queda nada más que la demencia después de un frustrante intento de redimir sus pecados, después de dirigir sus plegarias al cielo sin ser escuchado ni bendecido, ahí es cuando la apuesta realmente dispara su flecha que técnicamente ha de encerrarlo en el lugar más pesaroso y macabro de mi cuerpo. Allí la vida se esfuma, se consume en alaridos y chillidos, en arañazos y azotes, en profanaciones espirituales y maravillosas contradicciones, en absorciones y laceraciones que solo un endemoniado y malvado corazón puede alcanzar y aquella divinidad escondida entre el pecado más vano del humano estará condenada a perecer y dejar de existir.
Sinfonía perfecta


En medio de un perfume casi exquisito y un tanto perturbador, entre gemidos repetidos, continuos y agobiantes.  Entre carnívoras miradas, sus ojos se encontraron para quedarse tan perdidos, tan inexpresivos y locos. En el momento todo cuadraba, las sabanas, el cigarro y la música, el vino hacia juego con esa boca roja y esos dientes de luna, la cama un contraste primoroso con ese cuerpo que finiquitaba desnudo en la orilla. Y las guitarras haciendo un acorde, fusionadas con el vaivén de dos cuerpos unidos en una sinfonía perfecta, en una revolución  contaminada de oscuridad y lujuria. Allí estaban  sintiendo la tensión, absorbiendo olores y disfrutando sabores, irreconocibles por el sudor, por el maquillaje corrido y el pelo revuelto de manos, de lenguas y enredijos. Estaban tan cerca y  lejos al instante mismo. No podían más que aguantar a su próximo encuentro, a su próxima muerte. Nada que decirse, nada que expresar. Su lengua solo funcionaba cuando tocaba la de él y su boca plasmaba un extraño rechazo a las palabras. El consumo de sus propias vidas con besos y excesos, concordaban en  una proclamación y profanación a la pasión, a la fumigación de sentimientos y flaquezas del corazón. Se la pasaban huyendo del infierno, de ese punto de partida, jugando a tirar del arco  la flecha y buscando razones para quedarse y amarse, para sentirse vivos estando muertos. 
Un desastre


No me importa lo que puedan decir o no decir, ya no hago caso. La cristiandad que habitaba en mis días ahora se convirtió en rebeldía, en una extraña pureza oscura que impregna el alma y el cuerpo. Creo que ahora soy lo que nadie quiere, lo que nadie busca, un monstruo hecho de pelo de caballo y piel de cerdo, con cuernos de cabra tan absurdos como quien los puso, soy a quien nadie desea, ni de quien pudieran enamorarse, no soporto lo cursi – Ahora a cualquier cosa le llaman poeta- Soy un desastre andante de quien nadie nunca pudiera aferrarse, huelo mal y mis mocos están en constante pelea con mi nariz. No puedo dejar de ser desagradable, mi esencia hace de mí la imperfección hecha mujer. Creo que  el insoportable hedor que de mi emana es eso que odio de mí, ese olor a niña, a ingenuidad, a costumbre. Esta impulsividad de vomitar sentimientos, me enferma,  me condena a la sinceridad propia de una tonta, creo que debería salir corriendo. La valentía no se hizo para este gusano de ojos cristalizados y corazón de mimbre. No se hizo para mí el tempo, ni el tiempo, ni la duración tampoco la perduración. Es el castigo del cielo quizá por entregarle mi alma a la oscuridad, ese castigo de querer olvidar recordando, reconociendo, soñando. Creo que no puedo ser buena, lo bueno está sobrevalorado, la dignidad es cuestionable y el acertijo de la vida jamás podre resolverlo. Las cosas que decía ahora no las digo, las odio, a quien quería se convirtió en la pesadilla de mis días y  esa amistad de años ahora es solo una enfermedad. Es lo que digo, no creo, no pienso. La vida, mi vida se está gastando, los momentos pasan y los años se consumen como aquel cigarro que en mi mano descansa y como aquel árbol que se le cae las hojas y simplemente muere. Nunca he dicho gracias, no podría querer algo que no sea mío, aunque lo deseara tanto que pudiera renunciar a mí misma para encontrarlo.