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martes, 19 de enero de 2016

Mi sexo gime. Lo mando al diablo. Insiste. Insiste. ¡Qué molesto es! ¡Cómo lo odio! Sexo. Todo cae ante él. Fumo para ver si se calma. Produce un alegre cosquilleo que recorre mi cuerpo. Dan deseos de tocarlo, de mirarlo, de ver de dónde sale ese latir tan independiente de mi querer. ¡Es tan dueño de sí! Cruzo las piernas. Se calma un tanto. Sexo. El eterno sexo. Digo que lo odio, pero algo lo quiero ya que lo mimo tanto. ¡Al diablo!
— Alejandra Pizarnik 
"Pero te quiero, ojalá lo entiendas. Siempre te quiero, cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio, te quiero"
- A.P

viernes, 15 de enero de 2016

Se

Se el tedio que da escuchar de mis botas, mi pelo y mis 
desvelos. De lo abrumadoras que pueden ser mis historias con el viento o los desencuentros con la luna. Se lo espeluznante de entablar conversación conmigo en la madrugada; soy de las que ama la oscuridad y la espesura de un café cargado al amanecer, el infierno disfrazado de piernas, atrayendo conmigo lo que haya en el camino. Se de mi inconstancia y su constancia y del calor que da después de medio día, justo a las tres...

miércoles, 13 de enero de 2016

De esos 

Era de esos tipos raros, tenia una particularidad extraña en su sonrisa torcida y sin gracia, había sido de esos  choques  efímeros pero eternos y su voz era apenas audible. Era de esos tragos de ron que se te quedan en medio de la garganta y te calientan, te calientan el cuerpo y te queman el alma. Era raro el tipo, andaba libre, sin lasos, sin que nadie lo esperase en casa ni en ningún lugar a donde iba, se la pasaba vagando de sol a sol, de luna a luna. Y yo era apenas  una alucinasiòn en sus días colocados, en sus días llenos de coca y marihuana, era yo, una de las carreteras por las que frecuentaba pasar, solo un camino que solía atravesar...  Era de esos tipos raros de pelo largo y barba de diablo.


domingo, 27 de diciembre de 2015

Era amor

Incluso, cuando observe de nuevo sus entrañas esparcidas por todo el lugar suspire, habían pedacitos de su  piel, su pelo, su ropa contra la pared; en el piso, en la cama, en el baño, en mi… No me gusto ver  sus ojos salir de orbita  y que  me miraran tan fijamente mientras lo ahorcaban mis manos; le asfixiaba la vida pero sin matarlo, quise dejarlo atontado, consciente de mi siguiente paso. Incluso en sus sucesivos últimos respiros, quiso hablar pero su lengua ya estaba en una caja debajo de mi cama. No me  gusto haberle explotado la cabeza con el martillo, porque  su cabello comenzaba a desprenderse con cada golpe y por sus puntas chorreaba lo que al parecer eran sus sesos. ¡Era de película! Y no podía creer, que de un ser humano pudiera salir tanta basura inservible, tuve que contener mi risa; aquel momento era sagrado y no era apropiado  darme el  lujo de arruinarlo. Por cada martillazo en la sien salían chorros de sangre que me bañaban, que se deslizaban desde mi boca hasta mi vientre y pensaba en sus labios caídos y fríos contagiándome de  oscuridad  y  la maldad tomaba más fuerza en mí;  queriendo y aun  deseando  saborear cada gota de su sangre, aunque su sabor era a  hierro, sabía a metal, sabía realmente mal. No me gusto abrirle el estómago con el cuchillo, aunque suene divertido, no me gusto ver  sus tripas y sus intestinos además de sus heces fecales esparcidas por mis manos; contuve el vómito y contuve las ganas de comerlo crudo,  era de esas sensaciones gelatinosas que se sienten en el momento menos esperado. Incluso sintiendo su sangre en mi cara, manos y vestido, no deje de verle atractivo… No me gusto  ver como sus dientes caían al suelo, cada vez que el alicate hacia el chasquido me daba escalofrió y una especie de excitación me corría pierna arriba, comencé a temblar de emoción y la lujuria atravesó mi cabeza como un rayo  inesperado, tuve que armarme de valor para recogerlos y ponerlos  en el regadero. Incluso cuando estaba a punto de emanar ese escondido suspiro, sentí una punzada de angustia, pues de su boca solo salía rebotes de sangre e intentaba descifrar sus bocanadas y  creo que quería decir que me amaba… Fue excitante, casi al punto del éxtasis, probar su carne, luego de haber preferido cortarlo en pedacitos y untarlos en mi cuerpo mientras metía su pene ya muerto en mis adentros, para sentir por ultima y única vez ese sabor a amor
Hubiera 


Hubiera querido sentirme mal por haberle arrancado el cerebro pero en realidad el aburrimiento me abatía;  envió mi cuerpo directo a  cometer el  crimen perfecto. Desee con todas mis fuerzas llorar pero de mi boca solo salían risotadas dignas de una perra bruja. Quería sentir el sabor del dolor, pero solo cale sus entrañas con mayor deseo y devoción. No hice caso y las malas noticias se hicieron evidentes a medida que él iba cayendo al suelo apoyado en sus rodillas y gritando piedad; solo se escuchaban gritos y sollozos suplicantes  de compasión humana.

viernes, 30 de enero de 2015

Libre


Me libere de sus cadenas, de sus procelosos  besos inventados,  de esos abrazos improvisados en la calle, de aquellas malas caricias con malicia, de esa condena que me tiene atada a un efímero ser oscuro.  Volveré a mi revolcado cuarto, lleno de cartas desechadas que nunca entregue y con olor a cigarro y un poco a formol y vino combinados en un aroma a dolor y soledad. Seré libre dentro de estas cuatro paredes hechas para llorar y exorcizar demonios que nunca se van, paralizada, casi inmóvil me convierto en un muerto sin entender si quiera lo que digo, siendo  compadecida, rehuyó de mi misma. Me invente mil maneras de perder la cabeza y explorar cuerpos ahumados y toqueteados por todas. Aprehendí  a despedirme mecánicamente, a irme, a dejar, a huir calladamente y con la ropa en su lugar. Me dedique a perder el tiempo dándole alas, haciendo muecas de felicidad temporal y  me rehusó a perderle el gusto a su falta de respeto y su falta de confianza, su falta de pecado. Sin arrepentimientos me despido porque no eres verdad, no eres cierto, no eres real.  Aquella vela azul que le da un toque sombrío y alentador al día de hoy prendida ya está, su llama arde sacando a esos espíritus negros y le abre paso a la sanación. Acumulare recuerdos en ese baúl viejo y lleno de esencias y almas perdidas en letras y desilusión, lleno de olores y sabores de caprichosos amores. Me liberare, dejare que ese calor de su cuerpo en mi cuerpo se enfrié, se hiele, se congele, se cristalice como el sueño que degenera y anhela una caricia más. La idealización se rompió y la angustia nunca amo a ese mendigo.